Punto de encuentro: Otra vez las dos Españas, por J.J.Ruiz Travieso

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Portada del libro 25 años sin Constitución, de Joaquín Navarro Estevan (autor y ensayo recomendado por el autor de esta entrada).

Artículo de Juan José Ruiz Travieso

Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.

Antonio Machado

Cuentan algunos protagonistas de la transición que la realidad no fue como nos la quiso contar Victoria Prego. Coinciden personajes como García Trevijano y Navarro Estevan en que la Dictadura fue sustituida por una oligarquía de partidos que se repartieron el pastel de la “democracia” sin que hubiera una ruptura democrática. Que hubo una Ley de Amnistía que igualó a todos, torturadores y torturados, asesinos y víctimas, franquistas y demócratas, aunque salieron ganando los primeros, que se mantuvieron al servicio del Estado.

Cuentan que la Constitución del 78 fue un reflejo de aquella situación y que por eso en España no hay realmente una separación de poderes, ni verdadero control del poder, y por tanto no habría una auténtica democracia. Partidos con funcionamiento antidemocrático se hicieron con el poder desembocando en un modelo bipartidista que se autojustifica porque hay elecciones cada cuatro años, aunque se incumplan la mayoría de las promesas electorales y se tomen las decisiones más importantes sin contar con el pueblo.

En los últimos días vuelve a estar de moda el debate entre democracia representativa o democracia directa. Políticos y ciertos intelectuales defienden que el sistema es ya bastante democrático y no hace falta tocar nada, ni siquiera una constitución que pronto cumplirá cuarenta años. Lo ocurrido en el seno del PSOE muestra claramente que partidos supuestamente democráticos son oligarquías disfrazadas donde reina la corrupción, problema del que tampoco escapa la monarquía.

Es curioso que en muchos libros de texto de bachillerato se habla de “Democracia participativa” como el auténtico modelo democrático y de las nuevas posibilidades de participación gracias a las nuevas tecnologías. ¿Política-ficción? ¿De verdad interesa a las elites el control popular del poder? Por una parte, impera el ideario de que el poder debe estar en manos de tecnócratas que son quienes saben lo que hay que hacer y están ajenos a los intereses de la política. Por otra parte, parece que es una locura que un grupo de políticos intenten llevarle la contraria a los países más poderosos y a las grandes corporaciones.

Entonces, ¿en qué queda la democracia? ¿No seguimos bajo el modelo del Todo para el pueblo pero sin el pueblo, del “miedo a la democracia” que decía Chomsky, de la “servidumbtre voluntaria” que explicaba La Boétie? Y ojo a lo que advertían Platón y Aristóteles: lo cerca que puede estar la democracia de una tiranía o de una demagogia, cuando tiranos y demagogos llegan al poder a través de las urnas.

Los medios de comunicación, que casi en su totalidad están al servicio de las oligarquías, no se cansan de alertarnos contra los peligros del Populismo. La salvación está en la democracia representativa y en los partidos oligárquicos. Pero si alguien cuestiona este modelo de “democracia” es cuando aparece el peligro. Intentan meter en el mismo saco a Trump y a Podemos, a Venezuela y a Grecia. ¿Berlusconi no era populista? Pero que Alemania imponga en Europa sus políticas económicas es algo totalmente democrático.

El caso es que hemos vuelto a las Dos Españas. La España que vota a los partidos tradicionales tan representativos y participativos que cambiaron un artículo de la Constitución en media hora para contentar a los poderes económicos europeos, y la España populista que vota a Podemos, que empieza a pedir una reforma total de la Constitución del 78. Y que es tratada por la mayoría de los medios de comunicación como la Antiespaña. Y eso que del 15M a Podemos hay mucho trecho. Y luego están los nacionalistas, demonizados cuando piden reformas constitucionales y alabados cuando pactan con el partido de turno para gobernar en paz y armonía.

Los medios de comunicación de una de las Españas tienen una guerra abierta contra la otra, la que llaman Populista. Y yo no dejo de acordarme de Antonio Machado, que decía:
“Nos empeñamos en no comprender las razones de nuestros adversarios. Si lo hiciéramos, desaparecería la actitud de los que prefieren pelear a comprender. Hay que aprender a esgrimir las armas de la cultura, que son las armas del amor”. ¿Existe alguna posibilidad, por pequeña que sea, de rescatar la democracia (directa)? ¿Será posible que al españolito no se le hiele el corazón?

Juan José Ruiz Travieso es profesor de Filosofía y afiliado a USTEA Cádiz.

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