Punto de encuentro: Por un Carnaval sin ninfas, por un mundo mejor (por Pablo del Pozo)

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Presentación en el Ayuntamiento de Cádiz de la moción Iguales en Carnaval

Bienvenidos a Cádiz, tierra y mar de colores, sonidos y voces. Cuna del Carnaval más genuino, donde todo es libertad, vida, goce…

No, esperen, todo no.

Las ninfas siguen ahí, defendidas por quienes las prefieren calladas, porque están como ausentes. A lo sumo, un tanguillo, una sonrisa, una pose. Silencio de nuevo, como dictaba san Pablo para los templos. Porque para una mujer, saber estar es estar en silencio: saber estar es no estar. Y las falsas piconeras son mujeres y deben saber estar; o sea, no estar. Para eso han sido enseñadas y para eso han sido elegidas, qué menos.

Dice Verónica Otero, la presidenta de la Asociación de Ninfas de Cádiz, que no entiende qué tiene que ver con el machismo todo esto. Que en tiempos franquistas se crearon las damas y su reina —que aún no eran ninfas ni diosa— para incorporar precisamente la mujer al Carnaval. Generalísimo detalle, seguro que no desentonó en algún NODO. Así las cosas —que no fueron así— el tema se suele contar como una suerte de beneplácito, gentil y caballeresco, y hasta se supone que entonces hubo que dar las gracias. Las mujeres se incorporaron, sí, pero a su esquina, a su redil, a su jaula de oro. Y mientras, en el escenario, los hombres.

Que haya que explicar por qué la figura de las ninfas es tan machista resulta algo muy revelador sobre el propio problema que queremos combatir. El machismo invisible (invisible para algunos) tiene toda la fuerza que le da el ir de incógnito, el no parecer inofensivo, el estar hasta bendecido por el paso del tiempo. Pero no lo olvidemos: hablamos de naturalizar sin más la cosificación en florero de un grupo de mujeres a las que se etiqueta como embajadoras del Carnaval y de Cádiz mismo, y de defender a capa y espada que sigan estando ahí, en 2017. Repito, en 2017, después de que nos visitara Marty McFly en su patinete volador, que ya ha llovido.

Todo esto tiene más importancia de la que parece, lo digo para Verónica pero también para José Joaquín, o para quienes les den la razón a sus tan elaborados argumentos. Por ejemplo, que la actual concejal de fiestas está desautorizada a opinar sobre quitar el concurso de ninfas porque ella misma fue candidata a ninfa infantil (el concurso más infame aún)… ¡con menos de diez años! En fin, así está el nivel.

Cualquier apelación a la tradición es verdad, pero solo si nos referimos a la milenaria tradición del patriarcado. La otra tradición es más pseudotradición que otra cosa. Lo que de verdad quieren mantener algunos es el símbolo de una mujer domada y dócil, magistralmente amaestrada, a la vista de todos y todas para escarnio de quien quiera tomar la palabra, en el Falla o en su vida. Y no, disculpen, eso no es el símbolo de Cádiz ni del Carnaval, sino el símbolo de la sumisión femenina, del lugar que la sociedad reserva a la mujer, en su casa, en sus relaciones de pareja y en su trabajo.

Ese silencio como arma de control patriarcal no se da solo en en el Carnaval de Cádiz, ojo. Y no es algo que ocurra solo en las fiestas de aquí y de allá. Podríamos hablar de la azafata silenciosa a la que Hamilton humilló con espumoso (¿pasaría al revés?); o de las silenciosas actrices de Holllywood, cuyos personajes no hablan entre sí si no es para hacerlo de un hombre (véase test de Bechdel); o del silencio de los currículos de los libros de texto que la Junta homologa, la que luego se cuelga medallas en su lucha por la coeducación (que se cuida en no llamar feminismo, por cierto); o del silencio de padres y madres cuando imponen a la hija que haga tareas de casa, pero no al hijo. Etc, etc. O de quienes ven normal que tantas niñas solo quieran participar en el Carnaval como ninfas aspirantes a diosas, y que nunca vean referentes femeninos más allá (aun cuando los hay, y a patadas).

Nada de eso debería ser normal, y no debería hacer falta recordar el tan gráfico iceberg  de Amnistía Internacional para entender las más trágicas implicaciones que tiene el machismo simbólico, por más mofa que de él quieran hacer tus allegados y allegadas o los medios de comunicación más rancios. No se harán esperar.

Por suerte, Cádiz tiene granitos de arena de altísima calidad, de La Caleta y de La Victoria, pero también de las Hijas de Nadie y de la Asamblea Feminista de Cádiz, quienes junto a otras mujeres a título individual, y junto a la Asociación Pro-Derechos Humanos de Andalucía, decidieron no quedarse en silencio y pusieron en marcha la iniciativa Iguales en Carnaval, fantástico proyecto del que USTEA forma ya parte con orgullo. Porque juntas haremos historia.

Desde que se puso en marcha no ha hecho más que recibir apoyos, desde dentro y desde fuera del Carnaval, de personalidades egregias y de ciudadanos y ciudadanas de a pie. Cliquen el enlace, lean la moción (magníficamente argumentada) y, si les parece bien, muestren su apoyo a la misma con una firma, con vuestro propio granito, que también vale lo suyo. Y a difundir…

Por un Carnaval igualitario. Por un mundo mejor.

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http://www.igualesencarnaval.es (¡clica y firma!)

Pablo del Pozo es profesor de Música y miembro de USTEA Cádiz.

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