Ahora que vamos despacio

Ahora que vamos despacio, por Santi Flores

Erase una vez un país maravilloso de verdes mares, en cuyas aguas nunca se hundían los cayucos y los emigrantes eran recibidos con coronas de flores y abrazos. Nunca se encontraron una valla de siete metros rematada por alambre de espino en Melilla, ni en Ceuta. Jamás hubo problemas en el Tarajal.

En el sur, en una región llamada Andalucía, no había un millón de personas en riesgo de exclusión social. Además, allí el presupuesto de educación iba para la educación pública, jamás se invertía en escuelas en las que se discriminase por la clase social o las creencias religiosas.

Aquel país nunca vivió una guerra de tres años, provocada por un golpe de estado apoyado por un Führer y un Duce. Ni tampoco le siguieron 40 años de carnicería contra los Derechos Humanos. Siempre hubo libertad de prensa, de expresión, de reunión y de asociación. Las gentes cantaban con alegría mirando al sol al grito unánime de “Arriba”.

Además, no hubo más de 100 mil desaparecidos en las cunetas. Todos los vecinos habían enterrado a sus fallecidos. Y no era necesario crear una Ley de Memoria Histórica.

Este país tenía una bandera elegida por todos y todas. Podías verla ondear en las ventanas, pues cada día jugaba su equipo de fútbol. Los ciudadanos de un lugar llamado Huelva y otro Algeciras no jalearon a la Guardia Civil, ni a la Policía Nacional al grito de “A por ellos”, porque se convivía en paz en el Reino de las Españas. Sí, reino, pues tenía un rey querido que hacía una labor ejemplar dando discursos por Navidad, festividad celebrada por todos y todas, gracias a la unidad religiosa lograda en 1492 cuando los granadinos con mucha amabilidad invitaron a cenar a La Alhambra a Isabel de Castilla y a su esposo, Fernando de Aragón. Y qué curioso, nuestro amigo Fer también reinaba en Cataluña, una tierra que nunca fue un reino con el Languedoc, ni el Rosellón. Allá jamás entró Espartero, ni hubo Semana Trágica, ni se fusiló a Lluís Companys, ni se persiguió el idioma catalán, ni su cultura. En esa región de Cataluña se permitía un referéndum diario. Jamás hubo cargas policiales, ni 800 heridos, eso lo habían inventado los de la tele para entretener a la población. Nunca se incautó una urna, ni se cerraron imprentas, ni se amenazó a sus ciudadanos por sentirse diferentes. Siempre se respetó su derecho a decidir y por supuesto, jamás se encarceló a ningún político por defender sus ideas de forma pacífica, pues todo se hacía dentro de la legalidad consensuada por todos y todas en el 78.

En este hermoso país jamás hubo Guerras Carlistas, pues nadie se opuso al liberalismo de Isabel II, cuyo padre, Fernando VII, jamás abolió la Pepa. Por eso, Zumalacarregui se quedó en Ormaiztegui, y tampoco vinimos cantando de Cuba, Puerto Rico, Guam y Filipinas, por supuesto no hubo un Desastre en Annual, ni se explotó jamás a jornaleros, ni mineros. En Benalup se convivió en armonía como en las minas asturianas. Y un tal Buenaventura Durruti trabajó siempre como ferroviario. Blas Infante no fue ajusticiado, ni Lorca tampoco y Trece Rosas pasearon por las calles de Madrid en libertad. Y en 1976: la policía de Fraga no disparó a los obreros de Vitoria en una iglesia; ni estuvo la Triple A Argentina y el Neofascismo italiano con la ultraderecha de Sixto para balear a los carlistas de izquierda en la romería de Montejurra. Y tod@s nos abrazamos con fraternidad como Suárez y Carrillo, pues nadie confabulaba en la sombra, y jamás un tal Tejero apoyado por Armada y Milans del Bosch saldría de casa un 23 de febrero.

Llevábamos cuarenta años de democracia con unos medios que nos informaban y se preocupaban de mostrarnos la veracidad de los hechos sin servir a los intereses del capital. Una pluralidad de medios para elegir y en los que podíamos exponer nuestras ideas y opiniones sin ser censurados. Un detalle que estas semanas no nos recordasen otros asuntos. Claro, ¿qué nos van a recordar? Nunca hubo Blesa, Gurtel, Faisan, tampoco un tal Urdangarín. La crisis, el ladrillo y la especulación de los bancos fueron un cuento que nos leyeron antes de ir a dormir, porque lo sugirió una tal Troika, amiga de los hermanos Lehman y los inmaculados Goldman Sachs y Standard and Poor´s. Ni existían 4 millones de desempleados, ni hubo unos 6 millones con anterioridad, 6 millones la misma cantidad que había en Alemania cuando un tal Adolf ganó unas elecciones democráticas para que Germania iluminase a la humanidad.

En esa tierra hermosa existía un plan de prevención de incendios y saneamiento de los montes y bosques que jamás arderían. Nadie especuló con Doñana, ni León, ni Asturias, ni Galicia cuyas playas no se cubrieron de chapapote unos 14 años atrás.

Vaya tierra de arcoiris, las gentes podían casarse con libertad, pues la homofobia no existía y nunca hubo una manifestación por la familia, pues se respetaba el amor de todas y todos.

No existía ejército, los gastos militares iban destinados a escuelas y hospitales. Su sanidad era ejemplar, jamás había listas de espera, te atendían enseguida, pues había suficientes doctores y especialistas, una Marea Blanca velaba por el buen funcionamiento de los hospitales y jamás murió nadie por no ser atendido. Y también existía una Marea Verde que cuidaba de la educación donde entrábamos tod@s, con ratios razonables de 15 alumn@s por clase, con materiales escolares, comedores, cuantiosas becas de estudios, pistas deportivas, talleres, nuevas tecnologías, intercambios lingüísticos y el acceso al funcionariado consistía en trabajar 3 cursos y ya eras funcionario de carrera, pues nuestros gobernantes habían escuchado a Europa.

¡Qué gran país! Me emociona pensar que somos un ejemplo de libertades y valores democráticos.

Por el mar corre la liebre, por el monte la sardina.

Pd: del barco de Chanquete no nos moverán lalalalala, y no nos aplicarán la Ley Mordaza, pero esa es otra historia

 

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