Recordando a Rosa Luxemburgo, en el 99 aniversario de su asesinato, por Susi de León.

El pasado lunes 15 de enero se cumplían 99 años del asesinato de una de las más grandes teóricas de la Revolución y del Marxismo: Rosa Luxemburgo. Junto a su compañero Karl Liebknecht fundó en Alemania la Liga Espartaquista, que más tarde se convertiría en el Partido Comunista. Ambos fueron silenciados, torturados y asesinados junto a otros compañeros, y arrojados a un canal en la ciudad de Berlín.

La Rosa roja del socialismo es considerada una de las más brillantes discípulas de Karl Marx; brillante y aguda, conseguía hacer arder a las masas y conmover a los auditorios obreros. Dicen que estaba dotada de una fuerza de voluntad arrolladora. Procedente de una familia polaca de origen judío, sufrió en carne propia el peso de la discriminación. Una enfermedad en la cadera mal diagnosticada le haría padecer toda su vida dolores y una cojera moderada. A los 15 años ya militaba en el movimiento socialista y mostraba al mundo su carácter rebelde, lo que le supuso que no le concedieran la medalla al mérito en sus estudios que sí le correspondía por sus resultados académicos. Pero no sería este su único problema. Pronto hubo de exiliarse a Zurich, convirtiéndose en la dirigente del movimiento socialista polaco en el exilio. Allí conoce a Leo Jogiches, su compañero durante muchos años de amor y lucha, y también se gradúa como Doctora en Ciencias Políticas, algo realmente elogioso para la época. Poco después se traslada a Alemania, donde contacta con el SPD, la II Internacional y Clara Zetkin, otra mujer extraordinaria con la que trabará amistad el resto de su vida.

Rosa Luxemburgo vivirá de lleno el rechazo a la I Guerra Mundial y el estallido de la Revolución Rusa, así como los intentos reformadores de la socialdemocracia. Pero ella será siempre fiel a los principios marxistas, consciente de que la alternativa al Socialismo es siempre la Barbarie. Cuando en 1918 Alemania se ve sacudida directamente por los efectos de la Revolución Rusa y se produce la caída del káiser, la proclamación de la República y de los consejos obreros, Rosa espera ilusionada el cambio social y la participación directa en ese momento tan esperado de la Historia. Pero toda esta esperanza será traicionada por el Gobierno socialdemocráta del SPD, que se alinea junto al Estado Mayor militar y a los Freikorps para perseguir a los espartaquistas y abatir al poder obrero.

La noche del 15 de enero es detenida en Berlín junto a Karl Liebknecht y otros activistas. Rosa –dicen- llenó una pequeña maleta con sus libros y cosas esenciales, pensando que pasaría unos días en la cárcel. Pero el gobierno les dejó en manos del Freikorps –el cuerpo paramilitar de exveteranos de guerra del káiser- y jamás llegaron a ella. Fueron golpeados en sus cabezas con las culatas de los fusiles a medida que salían del hotel donde se encontraban, más tarde arrastrados y rematados. Rosa Luxemburgo fue lanzada al río desde un puente. Su cuerpo tardaría varios días en aparecer. Tuve el honor de poder arrojar un ramo de flores a esas aguas y desde ese mismo puente, hace un par de años, en su memoria.

Esta gran mujer, referente para todos y, sobre todo, para todas, ha dejado su nombre grabado como una de las más grandes teóricas del movimiento obrero. Entre sus obras destacan Reforma o revolución; Huelga de masas, partidos y sindicatos; La revolución Rusa; Junius; Discurso ante la formación del Partico Comunista Alemán y La acumulación de capital.

Como señala la historiadora Josefina Martínez en uno de sus artículos, Rosa Luxemburgo, la rosa roja del Socialismo “Rosa puso al servicio del socialismo todo lo que era, todo lo que valía, su persona y su vida. La ofrenda de su vida a la idea no la hizo tan sólo el día de su muerte; se la había dado ya trozo a trozo, en cada minuto de su existencia de lucha y de trabajo..”

Nuestro recuerdo hoy para ella, a un año del centenario de su brutal desaparición. Ojalá quienes lo provocaron pudieran hoy vernos y comprobar que Rosa Luxemburgo sigue más presente y viva que nunca, en estos tiempos en los que volvemos a necesitar de su palabra para recordarnos que lo contrario del Socialismo será siempre la Barbarie, y que el único camino posible es el de la Revolución.

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