El acoso en los centros educativos: no va en nuestro sueldo. Por David Vargas

Cada día son más los compañeros y compañeras docentes que se ponen en contacto con USTEA-CÁDIZ para contarnos que son objeto de acoso por parte de algún alumno. La mayor parte de las veces son afiliados o afiliadas, pero también nos llaman docentes que sin tener una afiliación al sindicato están buscando alguien que les escuche y que pueda ayudarles. Su situación no es fácil.

Normalmente, se encuentran con directivas e inspectores que no quieren ninguna publicidad de la situación por lo que sus sugerencias y actuaciones van en el sentido de “aguantar” y usan frases como “es lo que hay”, “esto es lo que tenemos” o, incluso la más sangrante, “en nuestro sueldo va”. Error. En nuestro sueldo no va que nos amenacen de muerte o con una paliza o con destrozar nuestro coche o con tirar piedras o naranjas o huevos a la puerta de nuestra casa. Jamás puede ir en nuestro sueldo y no sólo porque es un atentado a un trabajador/a tal cosa sino porque nuestra sociedad se va a pique si estas situaciones ocurren y hay quien las entiende como inevitables.

A principios de curso, USTEA asistió a la Comisión de Convivencia de la provincia de Cádiz en la que, básicamente, se presentaban los proyectos candidatos por la provincia para recibir un premio como Escuela Espacio de Paz.

Tenemos situaciones gravísimas en nuestra provincia (no generalizadas, pero sí cada vez más frecuentes y en más centros) y resulta que la Comisión de Convivencia no está para eso. Por lo tanto, pedimos allí mismo la creación de una Comisión de Convivencia Itinerante formada por todos los miembros de la Comunidad Educativa que allí nos encontrábamos (docentes, alumnos, inspectores, sindicatos y padres y madres) para visitar los centros en los que están ocurriendo situaciones que rompen por completo la convivencia o donde alguien, ya sea docente o alumno/a, esté siendo acosado o viva situaciones de violencia física o verbal para afrontar el problema de verdad, para dar soluciones, para cambiar nuestra escuela pública y enterrar para siempre todo atisbo de acoso, de vejación, de humillación para que, en resumen, quien vaya a un centro escolar a enseñar lo haga con tranquilidad y quien vaya a aprender lo haga sin pensar si alguien va a insultarle o pegarle por el pasillo. Porque no hay derecho.

Ni va en nuestro sueldo ni “son cosas de chiquillos”.

¡Basta de violencia en los centros educativos! Seguiremos pidiendo a la Delegación de Educación de Cádiz que se involucre en este tema que es central, no periférico ni anecdótico.

 

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