Memorias de un interino en Roncesvalles, por Santi Flores

“Hace unos días me llamaban de una bolsa de trabajo de Castilla y León para dar cuatro horas de alemán aplicado al canto en el Conservatorio de Música. ¿Cómo voy a vivir con cuatro horas?, ¿con ese sueldo puedo pagar alquiler y comida?”, comentaba un compañero.

“Me han ofrecido media jornada de matemáticas en Teruel, tengo dos hijos, no ganaré ni mil euros, ¿qué puedo hacer?”, explicó una compañera.

“Buenas tardes, tengo 46 años, tres hijos y 18 años de servicio. Si no obtengo plaza de lengua en las próximas oposiciones, me quedaré para sustituir”, nos llamó un interino para contarnos su caso. “Tengo 53 años, mi mujer se ha quedado desempleada, tenemos una hija con 17 años y una hipoteca. Estoy trabajando en Huércal Overa, a unos 500 kilómetros de mi familia. ¿Dónde queda la conciliación familiar?”, fue el testimonio de otro compañero.

“Miré, llamaba a USTEA para informarme de mis derechos ante la situación que me ha tocado vivir. Estoy sustituyendo media jornada en Ceuta, pero en unos días se termina. Me dijeron que era de larga duración, abandoné mi anterior trabajo en un concertado, pues por fin podía meter cabeza en la Pública. No he trabajado ni un mes en este centro, venirme a Ceuta me ha costado el dinero y ahora me veo en la calle, pues no puedo volver a mi anterior trabajo y nadie me garantiza que vuelvan a llamarme en todo el curso. Mi marido está desempleado, tenemos dos hijos, ¿a dónde voy a protestar?”

Y así un caso tras otro en las últimas semanas y todos con un patrón común: profesorado interino.  Personas que desempeñan su labor con una gran voluntad, que cogen los horarios que sean para trabajar y ahora se encuentran en esta terrible situación. La mayoría no trabaja el curso completo y ni tan siquiera jornada completa, sino parciales. La sustitución por unas horas era lo excepcional,  ahora se ha convertido en normal. ¿Dónde están aquellos acuerdos de estabilidad del personal interino que te garantizaba al menos dos años de trabajo?, ¿qué pasa con la conciliación familiar? Claro, el personal interino no tiene derecho a tener familia, son esclavos del sistema a quienes hay que explotar hasta que revienten. Llega la persona interina al centro y como solo estará unos días, ¿para qué la vamos a integrar?, pero en este centro hay igualdad de derechos y no se discrimina, ¡eso se llama cinismo! El cinismo de una Administración que nos abandona a nuestra suerte apoyada por directivas que nos miran por encima del hombro, nos dan los horarios que no quiere nadie, los grupos que no quiere nadie y nos encomienda las tareas que no quiere nadie; pues para eso está el personal interino. En centros educativos de Régimen Especial, como Conservatorios de Música, Escuelas Oficiales de Idiomas y Escuelas de Arte, ¿quién imparte clase en los niveles superiores? El profesorado interino, por supuesto, así un joven recién empezado puede dar clase de C1 de inglés, pues el funcionario lleva 15 años impartiendo A1 (1º de Nivel Básico) y nadie pretenderá que tenga que preparar sus clases de C1 fuera de horario lectivo, para eso es funcionario y el  debutante que se coma C1, “le hago un favor, así aprende”, comenta un directivo.

La guinda al pastel la ponemos en junio. “Aquí todos hemos hecho oposiciones. Si te examinas el domingo, te quiero el lunes en la escuela para reunión de departamento, revisiones de notas, tutoría con padres y madres, memoria de autoevaluación, memoria final de curso, elaborar los exámenes de septiembre y revisar las tareas de todo el curso de cara al próximo”, explica la jefa de departamento. El interino contesta apurado: “El examen lo tengo en Pamplona, pues solo Navarra ha convocado mi especialidad y no me da tiempo a llegar el lunes aquí”. “Ese es tu problema”, responde el Jefe de Estudios que ha invitado al interino al despacho para explicarle cómo funciona ese centro educativo. Además este interino debe tener las notas publicadas el viernes en Séneca y acudir a su centro. Es decir que se pasa los días antes de la oposición corrigiendo exámenes, dando clase y haciendo tareas varias en su centro, entre ellas, la famosa fiesta de fin de curso de obligada asistencia y celebración. Después de un curso agotador con traca final esa semana, el viernes por la tarde inicia su viaje hasta Pamplona desde Villaluenga del Rosario, en la Sierra de Cádiz. Le espera un paseíto en bus hasta Jerez, donde podrá pillar un tren a Madrid, ya el sábado por la mañana temprano. Cuando llegue  a Atocha, debe asegurarse si el tren a Pamplona sale de allí o de Chamartín, o quizás ya no quedan billetes y le toca un tour por las estaciones de autobuses: Méndez Álvaro, Avenida de América o Príncipe Pío. Claro, Madrid es pequeño y va sin tensión, saltando de metro en metro. Cuando por fin consigue plaza en un autobús a Pamplona, llega allí, ya anocheciendo. Se acerca al centro por ver el lugar, donde se jugará el todo por el todo al día siguiente; y de pronto, un pequeño cartel en la puerta comunica lo siguiente: “Anunciamos que la prueba de tal … se ha traslado al centro educativo tal en Roncesvalles”.  Este interino lee la fecha, y sí, se publicó ayer viernes, por tanto se cumplen las 48 horas de antelación para avisar. Claro, eso de publicarlo en internet, pues como que no se lo plantearon. Ante la adversidad, el interino no se viene abajo, pues su familia depende de esta prueba para poder pagar el alquiler el próximo invierno, y este interino debe sacar fuerzas de flaqueza. En la estación de autobuses le indican que ya no hay nada a Roncesvalles hasta el día siguiente a media mañana. Ante esto, toma un taxi, en el que se gasta el dinero previsto para cenar y comer al día siguiente; al menos lleva un paquete de galletas de chocolate que su hija pequeña le dio para desearle buena suerte. Esa noche no encuentra alojamiento en Roncesvalles, pero en el albergue de los peregrinos a Santiago le acogen y duerme allí.

Domingo, día del examen. En el sorteo no sale una sola bola de los 57 temas que se ha estudiado, los últimos 13 ni tuvo tiempo a mirarlos. Este interino no se rinde, hace lo que puede, realiza un práctico bastante aceptable y comienza su viaje de vuelta a Villaluenga, donde no logra llegar hasta el lunes por la tarde, falta injustificada en su centro y entra en conflicto con su dirección. A los tres días viaje de vuelta a Roncesvalles para leer el examen ante el tribunal, y de pronto, ¡milagro! Ha pasado al oral que hace a primeros de julio. Defiende la programación y la unidad con mucha dignidad, ya comienza a creer que sí se puede. Seis de julio, desde Inspección le comunican que la falta está justificada por desplazamiento y le dan un toque a su dirección, parece que todo se va reconduciendo. Esa misma tarde salen las notas de las oposiciones: 4,98. Mañana es 7 de julio, a Pamplona hemos de ir. Sí, pero no podrá ver su examen, ni reclamar y nadie le escuchará en la Consejería de Educación de Navarra.

Este relato engloba historias de varias personas que han contactado conmigo estas semanas.  Lamento decir que los dramas se están viviendo en toda España. ¿Hasta cuándo vamos a seguir aguantando?

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