Más Luxemburgo y menos Gandhi, o más medios y menos pantomimas. Por Pablo del Pozo

Ghandi, de visita en la Roma de Mussolini

El día de la paz y la no violencia que celebramos la semana pasada tiene no pocas contradicciones cuando se lleva a los centros escolares. Se promueve la resolución pacífica de conflictos, lo cual suena muy bonito, pero luego no se dota a la comunidad educativa de suficientes medios materiales y humanos para afrontar el bullying, el machismo, la homofobia y el racismo tan presentes en nuestras aulas. Algunos y algunas docentes se ven llegados a colegios o institutos en donde impera la ley de tonto el último, esto es, que como vayas de bueno y dialogante los chavales te comerán.

Y luego te rayan el coche y no pasa nada, te lanzan un naranjazo y no pasa nada, te tiran un petardo en clase y no pasa nada, te amenazan y no pasa nada, te llevas un madero en la cabeza y no pasa nada, casos todos reales sobre compañeros y compañeros tan dialogantes como desprotegidos. Eso se lo hacen también al que va de malo, sí, pero no es el mensaje que cala. Hay veces que hasta el propio alumnado te pide que te dejes de milongas y “te impongas”, violentamente les falta decir, o lo dicen, que esa es la única inercia que han aprendido en otros cursos, en la hora anterior o en sus propias familias. Grita más fuerte, expúlsalos al pasillo o mándalos al aula de convivencia (eufemismo por cierto solo comparable al del Ministerio de “Defensa”). Si intentas arreglarlo de otra manera te pringarás de fango y solo te salvará tu propia conciencia, que no te paga la peligrosidad laboral, pero conciencia es a mucha honra, y eso mientras el resto de alumnos y alumnas deja de recibir clase, a no ser que seas omnipresente. Como no lo consigas, o lo consigas pero tan a largo plazo que ya ni lo veas antes de que acabe el curso, ya sabéis, lo de la semillita, al final cuestionarán tu profesionalidad y te harán apuntarte en algún curso pantomima de esos que llevan coaches desvergonzados que jamás pisaron un aula. La culpa es tuya, que no eres “proactivo”. Y del alumnado también. Y de sus familias.

Pero no. Lo es de la administración, por no poner medios o pretender suplirlos con palabras vacías. No hay paz cuando la ratio se desborda, cuando las aulas no se climatizan en absoluto, cuando se encubre el número de partes, cuando no se contratan monitores/as, orientadores/as, educadores/as sociales, etc. Y que capeen los y las de la trinchera. Y que algunos y algunas acaben en su ceguera aliados y aliadas del sistema, quintacolumnistas de esta mierda que dicen, tan panchamente, tan panchamente, que ese niño que recibe acoso del resto de su clase “se lo merece, que es que él también tiene lo suyo”; o aquel que comenta lo de que “a mi hijo le digo que sea de los que pegue”, profesional donde los haya en cuyas manos dialogantes está lo de promover el diálogo. Campan panchos si además consiguen el silencio en sus aulas, pues el silencio parece el único fin de algunos y algunas, lo que más se te premia, lo que más anhelas. Cómo lo consigas es lo de menos.

Pero no todo es por ahorrar dinero o por simple desidia, también hay un discurso militarista detrás de todo esto. No hay paz cuando no se cultiva el sentido crítico del alumnado y se les permite acudir de excursión a la base militar de Rota, o cuando no se cuenta la historia de sangre y de prejuicios de la iglesia al servicio de la guerra, o la devastación en América, o el gaseado de marroquíes por parte de Primo Rivera padre, el de la estatua en pleno centro de Jerez, gaseado que contó desde luego con el apoyo de Alfonso XIII, el bisabuelo de Felipe VI, quien que no se inquietaba entonces por “vanas consideraciones humanitarias”.

O cuando los temarios homologados no solo pecan de un etnocentrismo brutal, sino que además incluirán en ellos unidades didácticas para mayor apología de las Fuerzas Armadas y de su mando supremo, esas fuerzas, dicen, valedoras de la paz, dicen, pero con denuncias de tortura por Amnistía Internacional, y con constantes denuncias de acoso y derribo sexual sobre las que se echa toda la tierra que se puede. Esas fuerzas a las que se les deja entrar en los centros educativos para dar charlas vergonzosas con las que reclutar a alumnos y alumnas.

O cuando el Día de la Paz, tan manoseado, es para muchos y muchas el Día de la Hipocresía, aquel día sin más en el que se hará algún acto chorra en el patio, de cara a la galería, antes de volver al aula a cuarta hora con tu acosador personal. Y encima, para colmo, como rizo del rizo, homenajeando a Ghandi.

Porque, sí, el señor Ghandi tiene una biografía muy cuestionable. En primer lugar no fue tan pacifista mientras aún se mostraba colaboracionista con el Imperio Británico (léase aquí). Ni luego promovió cualquier cosa parecida a la desmilitarización en su país ya independizado, convertido hoy en una de las grandes potencias militares del mundo.

Desde luego, su postura frente al fascismo fue terriblemente clara. En la imagen del comienzo le vemos en la Roma de 1931, en donde visitó a Mussolini amistosamente para decir luego de que era “un verdadero superhombre, alguien inalcanzable”. Por si eso fuera poco, en una carta a Hitler llegó a decirle: “No tenemos dudas de tu valentía y devoción a tu patria, ni creemos que seas el monstruo descrito por tus oponentes”. Dialogaba así con quienes tenían ejércitos poderosos detrás, que no precisamente principios. Todo ello buscando aliados contra Gran Bretaña, a quien habría estado encantado de derrotar militarmente a través de sus admirados fascistas.

Pero no fue solo cobarde oportunismo político, también tenía prejuicios hacia los judíos muy poco propios de quien se le ha pretendido un símbolo intercultural: “Hitler no acaba de llegar de la nada. La conducta de los judíos en Alemania durante la Primera Guerra Mundial y después, ayudó a crear la condiciones para el ascenso de Hitler al poder”.

También son constantes las alusiones a su racismo en relación con la población negra mientras vivió en Sudáfrica. Por ejemplo, aquella vez en la que dijo que “los negros sólo están un grado por encima de los animales”. Podéis ver más información en este artículo. Además, aparte de racista, fue un clasista. Y en ningún momento criticó el cruel sistema de castas de India en el que él mismo estuvo inmerso.

Es conocido que maltrataba a su mujer, a quien dejó morir por estar en contra del uso de la penicilina. Respecto a su comportamiento sexual, habría que hablar de esas “mujeres y niñas que han estado desnudas conmigo”, contaba, para ponerse a prueba a sí mismo y poner a prueba su celibato. Imagínenlo ahí, bajo una manta con una o varias jóvenes, entre ellas su sobrina, utilizándolas entre restriegos como meros objetos a cuenta de una excusa religiosa. Y ahora recuerden que sigue siendo el embajador número uno de la paz en el mundo.

Si este tipo de personaje histórico, como poco cuestionable, como poco cuestionado, es el referente que chavales y chavalas deben tener para el día de la paz, apaga y vámonos. Propongo candidata para el relevo, lo dije en el título. Que mientras Ghandi reclutaba indios para el ejército británico de la I Guerra Mundial, Luxemburgo sufrió cárcel y luego muerte por oponerse a que el ejército alemán fuese a la Gran Guerra, que ella concebía como entre trabajadores de una misma clase a las órdenes de sus respectivos imperios capitalistas.

Sus utopías pacifistas  de 1911 parten desde la izquierda, y solo desde la izquierda se puede concebir el verdadero pacifismo, desde el diálogo y la igualdad, no desde el miedo y la competencia, aquella que sacralizó la LOMCE. ¿Pacifismo de derechas, o “ni de izquierda ni de derechas”? No, desde luego que no, que la Pax Romana era otra cosa: que no nos vendan gato por conejo las mismas personas que inventaron el “feminismo liberal” u otros oxímoron insultantes como la “monarquía democrática”.

Además, la efeméride del brutal asesinato de Luxemburgo es del 15 de enero, hace nada, como nos recordaba Susi de León en estas mismas líneas, lo cual no trastocaría demasiado los planes de centro a los que estamos habituados y habituadas a cuenta de Ghandi. No la elegirán, porque además de roja fue mujer. Pero ella sí que fue un ejemplo.

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