¿QUÉ PODEMOS HACER LOS HOMBRES EN LA HUELGA FEMINISTA DEL 8M?, por Rubén Gómez

Cuando un hombre quiere salir de su posición acomodada que le proporciona el patriarcado y decide comenzar a trabajar una relación más igualitaria con su compañera, novia o esposa y decide, por ejemplo, empezar a hacerse más corresponsable con los trabajos domésticos, pasa lo siguiente. Primero suena la canción de “2001: una odisea en el espacio” (la célebre “Así habló Zaratustra” de Strauss) y en segundo lugar se asoman las preguntas típicas que se han escuchado un millón de veces en boca de un millón de hombres: ¿qué hago? ¿Cómo te ayudo? ¿Por dónde empiezo? ¿Cómo se hace? Los más alfa de todos no perderán la oportunidad no ya de preguntar, sino incluso de decir cómo se debe limpiar a quien lo ha hecho siempre, sin haberlo hecho él nunca. Y esto no es ninguna exageración y sí algo bastante cotidiano: ellas lo saben.

Tenemos una huelga general convocada para el próximo 8 de marzo, del que nuestro sindicato se ha hecho eco a petición de diversos colectivos feministas de todo el estado. Esta huelga ha sido planteada como huelga laboral, huelga de cuidados, huelga de consumo y huelga estudiantil. Mayoritariamente el objetivo de esta movilización general es visibilizar el papel fundamental que cumplen las mujeres y que, sin ellas, el mundo se para. Y en la otra parte de la sociedad, en la de los hombres, están surgiendo las mismas preguntas que ya hemos dicho y que se resumen en saber qué hacemos los hombres y cómo podemos apoyar la causa feminista.

Diferentes movimientos, de mujeres o personas LGTB, han hecho un análisis profundo y continuado sobre el papel, la posición y el sentido social de su individualidad en el ámbito social. Sin embargo, los hombres (salvo excepciones que empiezan a surgir tímidamente) ese debate no lo hemos tenido. Los hombres no nos hemos replanteado nuestro papel y sentido en la sociedad ni nuestra recolocación en la lucha por un orden social más igualitario. Cuando se está en una perspectiva de poder, suele haber poco que replantear o cuestionar. Desde posiciones más marcadamente machistas y paternalistas hasta las supuestamente aliadas, están aflorando nuevamente las carencias de no haber realizado ese esfuerzo organizado y consciente por parte de los hombres de replantearnos nuestra masculinidad, nuestra concepción de ser hombres, nuestro reposicionamiento frente al patriarcado, nuestra relación con las mujeres y las acciones concretas que tendríamos que hacer en pos de una sociedad verdaderamente libre e igualitaria, sobre todo en lo más difícil de todo: la autotransformación.

Por ello, el patriarcado nos lleva a esa escena del principio en que un hombre abrumado y titubeante, o arrogante y prepotente, recorriendo un terreno inexplorado, pregunta a su compañera, esposa o novia cómo puede ayudar en las tareas domésticas o le dice cómo se deben hacer. Pero esta vez, ante la huelga feminista del 8 de marzo y las consignas que los movimientos feministas han expresado para que los hombres que queramos sumarnos podamos colaborar ayudando verdaderamente a la causa, hay cuestiones muy concretas que se nos están pidiendo hacer si realmente queremos ayudar.

No podemos olvidar que nosotros los hombres, en cuestiones feministas, somos prácticamente los últimos de la clase. Como somos los que no hemos hecho los deberes, el curso de la historia avanza y seguimos sin enterarnos y, en ocasiones, nos da por ponernos a molestar en clase o a ensimismarnos en nosotros mismos, en ocasiones contestamos mal, pasamos de todo o nos callamos y decimos que sí a todo para que nos dejen en paz. A veces, hasta intentamos atender y realmente enterarnos, aunque se confíe poco o nada en lo que nos dicen nuestros maestros y maestras. Así, negamos y cuestionamos las demandas femeninas, las criticamos, las vemos absurdas, no las entendemos o no las queremos entender. Espero que se entienda la metáfora y que no se pique quien no coma ajos. Escuchar sin permanentemente ponernos en el centro de todo como protagonistas absolutos de nuestra propia película sigue siendo nuestra asignatura pendiente en demasiadas ocasiones y pecamos de orgullo poniéndonos a nosotros mismos permanentemente en el centro de todo. La sociedad nos educa así.

La huelga del 8M es una huelga de mujeres. Aunque legalmente el derecho a huelga no discrimina por razones de sexo y tenemos el derecho de hacer huelga todo el mundo, sigue siendo una huelga demandada, organizada y trabajada por y para las mujeres. Lo organizan ellas, lo protagonizan ellas, lo dirigen ellas y no hay mucho más que hablar. Si la sociedad no fuera desigual con las mujeres, no habría que hacer huelga de mujeres. La revolución debe ser hecha por quienes sufren principalmente la opresión y la experiencia y la historia demuestran que no puede ser de otra manera.

Los hombres que aspiramos a una sociedad más igualitaria, que tenemos aún que recorrer un largo camino (porque vamos con retraso) para alcanzar al resto de la sociedad que lleva muchas décadas en pie de guerra, tenemos que facilitar ese liderazgo y participación para garantizar el éxito de esta convocatoria de huelga feminista, si es que aspiramos a una relación y convivencia sana en libertad e igualdad con las mujeres. Para ello, ya se nos han dado claves suficientes: facilitar en nuestros hogares y en nuestros puestos de trabajo el éxito de la huelga feminista, permitir la visibilización de las mujeres no ocupando sus espacios y no usurpando su protagonismo, cumplir con los servicios mínimos y realizar todas las tareas y labores que desempeña cada mujer en su ámbito privado y laboral para que puedan desarrollar su lucha. Siguiendo estas medidas concretas, hay mucho que podemos hacer, hay mucho que podemos pensar e imaginar para lograr de esta jornada de huelga una victoria mucho más profunda y duradera. Por ejemplo, una posible acción que podemos hacer los hombres para apoyar la huelga, desde nuestra cercanía como docentes y militantes de una organización sindical feminista como USTEA, es una fórmula clásica de la lucha sindical: la de la caja de resistencia. Tradicionalmente, las y los militantes sindicales trabajaban y donaban parte de su sueldo para que compañeros y compañeras pudieran resistir huelgas duraderas y lograr victorias en la lucha de clases. Así, aquellos hombres que cubran los servicios mínimos o que quieran facilitar que las mujeres cumplan los objetivos de esta huelga, pueden organizar una caja de resistencia con su propio sueldo para conseguir que más mujeres puedan hacer la huelga. Los hombres iríamos a trabajar, para que no nos descontaran la huelga y, con el dinero que ahorramos hacer un fondo a repartir a partes iguales entre las mujeres huelguistas y los hombres que cubrimos y apoyamos la lucha de las mujeres.

Las medidas que se pueden llevar a cabo dependen de cada familia, empresa, situación colectiva o personal, por lo que el movimiento feminista ha sido inteligente a la hora de fijar unos fines en vez de dar unas pautas fijas y concretas (aunque ya nos han sugerido algunas…) que difícilmente pudieran acoplarse a las muy diversas situaciones personales, sectoriales, etc., en que se pudieran practicar. La medida de la caja de resistencia es una, se pueden incluir o elegir hacer o idear más dependiendo de cada realidad.

La huelga pretende que todas y todos reflexionemos sobre la gran desigualdad en esta sociedad y poder involucrarnos activamente en la lucha por la igualdad. Los hombres debemos juntarnos a las mujeres y organizar nuestro apoyo contando con ellas y asumiendo el liderazgo de estas acciones de lucha feminista.

En vez de preguntar que qué se hace y cómo se puede ayudar, tenemos que escuchar y empezar a trabajar activamente en este sentido. A todos los hombres como yo, que se han preocupado en leer esto y reflexionar, les diría que si en esta huelga tienen claros los fines y objetivos por los que las mujeres están peleando y compartimos la misma visión de ese mundo más igualitario en el que nosotros mismos estaremos mejor, que tengan la iniciativa de proponer, escuchar y acordar con las mujeres la mejor manera de hacer de la huelga del 8 de marzo un éxito aún más grande y profundo. No lograremos estos fines y objetivos usurpando el liderazgo, situándonos en el centro de las discusiones, sin escuchar, sin respetar, y haciendo lo que muchos solemos hacer.

Si la casa tiene que quedar limpia, no preguntes tanto, no protestes tanto y muévete, mano a mano con las mujeres y aprenderemos a limpiar limpiando. Haremos camino al andar.

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