Crónica del día en que las mujeres consiguieron parar el mundo, por Susi de León

No es fácil hacer una crónica de lo que ayer, 8 de marzo, se vivió en este país, entre otras cosas, porque aún siguen llegándonos imágenes de lo ocurrido en todos sus rincones: verdaderas mareas humanas donde cientos de miles de mujeres ocuparon las calles de pueblos y ciudades durante 24 horas y más, pues muchas comenzaron la jornada reivindicativa desde la víspera, realizando encierros, caceroladas y acciones muy diversas para preparar y fomentar esta llamada a la huelga. Necesitaremos tiempo para entender y analizar en profundidad que, lo vivido ayer, fue un verdadero acontecimiento histórico y el mayor gesto de rebeldía revolucionaría de los últimos tiempos.  Y esos gestos nos llegan desde todos los lugares del planeta. El mundo acompasó su girar a los pies de millones de mujeres que, en Nueva Delhi, Islamabad, Seúl, Budapest, Manila, Cádiz, San Salvador, Londres o Río, por citar solo algunas de estas ciudades, clamaban contra la violencia de género y los feminicidios; contra la brecha salarial, la precariedad y la pobreza femenina, en todas sus facetas, poniendo la mirada en todas nosotras, también en las que vienen de fuera: mujeres inmigrantes arrancadas de sus familias y culturas; contra techos de cristal y suelos pegajosos que nos oprimen, y enjaulan nuestros sueños, aspiraciones y vidas; contra las agotadoras jornadas laborales que coloca sobre nuestras espaldas el peso de los cuidados y las tareas del hogar; contra todo tipo de violencias políticas, económicas, culturales e institucionales procedentes de un sistema que cimenta y alimenta sus raíces al patriarcado generador de todas las desigualdades de género; contra las ideologías que no respetan nuestros cuerpos, ni nuestras diversas formas de desear y amar, y nos imponen modelos encorsetados…

Como siempre, habrá quien quiera desvirtuar lo ocurrido y dar a entender que esa riada feminista se produjo a consecuencia de la resaca del MeeToo, o por influencia de la aparición en los medios de famosas y políticas adueñándose de algunas de las reivindicaciones del movimiento feminista. Ya hasta Andrea Levy, del PP, se declara feminista sin pudor, tras el desborde de las movilizaciones de este 8M. Pero se equivocará quien quiera hacer esa lectura simplista, o quien quiera restarle importancia. Ayer eclosionó un movimiento que lleva años gestándose, luchas grandes, medianas y pequeñas que, al unirse y confluir, generaron un estallido de esperanza y luz. Y las feministas, al menos las feministas que defendemos un feminismo de clase, no vamos a consentir que nos las roben, ni que las minimicen, ni que utilicen nuestra lucha con otros fines que no sean para los que han nacido: el de empoderamiento, transformación y cambio de las condiciones de vida de todas las mujeres del mundo.

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Mujeres de USTEA CÁDIZ, con la huelga y con las manifestaciones del 8M

Y es que, ayer, millones de mujeres valientes salieron a la calle a denunciar la situación en la que viven en sus países, muchas, jugándose la libertad y la vida. En Irán, donde se atrevieron a colarse en partidos de fútbol, a  quitarse el velo en el metro y a entonar cánticos en favor de la igualdad, a cara descubierta; pero sobre todo, a manifestarse juntas, ocupando las calles, a pesar de tenerlo prohibido. En Brasil, además de denunciar que una mujer es asesinada cada dos horas, como prueba de los múltiples feminicidios que ocurren en toda América Latina, también paralizaron las fábricas como protesta contra la reforma laboral de Michel Temer, dentro del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra. En Marruecos, en la zona del Rif, salieron a la calle a solidarizarse con la activista rifeña Hadia Zayani, detenida en enero pasado por apoyar en Facebook a los detenidos por las protestas y movilizaciones del norte de este país, y cuyo juicio estaba previsto que comenzase hoy. Las mujeres kurdas de Rojava, implicadas en la defensa de Afrin, clamaban por la solidaridad internacional con este enclave del Kurdistán, en pleno combate. Y en Gaza, pidieron libertad para las presas palestinas. Son solo ejemplos de esa valentía que recorrió más de 170 países e hizo paralizar el girar del mundo.

En España la huelga feminista nos deja imágenes sobrecogedoras, desde el Cantábrico al Estrecho. Un encuentro intergeneracional que emociona, al ver a ancianas que portaban pancartas donde podía leerse: “Lo que no tuve para mí, que sea para vosotras”, al lado de chicas jovencísimas y niñas que llevaban las suyas con lemas como: “Las niñas ya no quieren ser princesas, quieren ser alcaldesas”, o “Detrás de una mujer importante se encuentra ella misma luchando contra todo cada día”. El que nuestras ciudades y pueblos se convirtieran en una sola voz y un solo color violeta no es un efecto del MeeToo, sino un  inmenso triunfo de la herencia de la lucha de los colectivos feministas, y de otras organizaciones que llevamos décadas denunciando lo que ayer se coreó en las calles y se denunció en los medios: que la precariedad laboral tiene rostro femenino; que más de la mitad de las mujeres trabajadoras andaluzas están por debajo del SMI, que en la actualidad es de 735’90 euros, por lo que ayer muchas de ellas no podían permitirse ir a la huelga y nosotras la hacíamos en su nombre; que no importa si trabajan en el campo, oficinas, la industria o su casa, porque la brecha salarial supera el 30% en todas las profesiones; que la tasa de paro es siempre mayor entre las mujeres; que el trabajo a tiempo parcial está en un 24% frente al 7´1% que alcanza entre los hombres…

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El 8M en Cádiz capital

En Cádiz, las organizaciones sindicales de la confluencia: Autonomía Obrera, CGT, SAT y USTEA caminamos juntas bajo el lema “Contra el sistema patriarcal, capitalista e imperialista, ¡Lucha obrera y Feminista!”. Juntas, las mujeres de estas organizaciones  denunciamos en el Palillero esa situación de precariedad y desigualdad, pero también el acoso sindical o la vulneración de los derechos laborales que están sufriendo muchas de nuestras compañeras, a veces poniendo en riesgo sus vidas o las de sus hijos. Y juntas, una vez más, apoyamos a Marisa Iglesias, en su lucha por su despido improcedente de Eléctrica de Cádiz. Uno de los momentos más emotivos de la jornada fue, casi al final de la manifestación, cuando todas la rodeamos bajo las bóvedas de las Puertas de Tierra y coreamos el ¡Marisa, readmisión!, con nuestras caras pintadas de pinturas de guerra y las voces atronando bajo esa muralla.

Es nuestra guerra. La de las mujeres, unidas contra el patriarcado, pero también contra el sistema que sustenta todas esas desigualdades. De ahí que seamos conscientes de que el feminismo, será revolucionario o no será. De que la revolución, será feminista o no será. Como decía la gran maestra, Rosa Luxemburgo:

“El taller del futuro necesita de muchas manos y de un aliento cálido. Todo un mundo de dolor femenino espera la salvación”

                                                     Rosa Luxemburgo, La Proletaria

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