Esta sentencia también es violencia, por Susi de León, responsable de Espacio Feminista de Ustea-Cádiz

Cuando este curso escolar, tanto la Intersindical STES como USTEA elegimos como tema de trabajo para el 25 de Noviembre visibilizar la violencia institucional, poco podíamos imaginar que íbamos a poder presenciar un caso tan explícito de este tipo de violencia. La sentencia pronunciada el jueves 26 de abril contra los cinco miembros de “La Manada”, acusados de la violación de una chica en los sanfermines de 2016, es una auténtica vergüenza, una verdadera agresión institucional a una joven que tenía apenas 18 años cuando fue acorralada por estos cinco individuos borrachos en un portal, pero es también, una agresión y una ofensa a todas las mujeres de este país.

La sentencia declara que la joven no sufrió violación, sino abuso, y la condena se suaviza por ello. No se ha tenido en cuenta que la agresión se planeó previamente por whatsap entre ellos, ni que grabaron los hechos mientras se producían con sus teléfonos para luego jactarse y alardear de ello, ni que robaron el móvil a esta chica para que no pudiese pedir ayuda. No, nada de eso ha bastado para entender el horror que esta chica ha sufrido. Tampoco se ha tenido en cuenta que hay otro caso pendiente de una nueva agresión contra otra joven en Pozoblanco… No, no se ha tenido en cuenta nada de esto. Lo que ha determinado que dos de los tres jueces decidan que hubo abuso y no violación es el hecho de que la chica no pareciera resistirse en el vídeo, es más, llega a cuestionar el carácter de los sonidos que ella emite, hasta el punto de que el tercer juez, basándose en ese vídeo, ha pedido la absolución de todos los miembros de La Manada. Según él, la actitud de no resistencia es sinónimo de consentimiento. En ningún momento se plantea el terror que debió sufrir la joven en ese instante, paralizada ante la incertidumbre de si saldría viva de ese portal, agotada de sufrir las vejaciones y abusos de cinco verdaderos monstruos.

Y yo, al igual que todas las mujeres y muchos hombres de este país, me enciendo de rabia cuando entiendo el tipo de personas que maneja la justicia de este país. Auténtica canalla, hienas con togas al servicio del sistema patriarcal más castrante y detestable. Porque esta sentencia viene a demostrar que la violencia institucional es estructural, ya que hunde sus raíces en los propios cimientos del Estado y del Sistema. No son casos aislados, vienen de lejos. Son los mismos cimientos que hace que la corrupción política e institucional se permita, pero se actúe con la desproporción más absoluta contra quienes se oponen desde la crítica. Es la misma violencia institucional que se ejerce desde el patriarcado contra las mujeres y desde el capital contra el pueblo. Es una violencia estructural, que procede de no haber hecho bien las cosas cuando pasamos de una dictadura a una democracia sin “limpiar” las instituciones de quienes habían ostentado el poder desde el fascismo. Es una violencia de Estado y de Sistema, que nos obliga a tomar conciencia de que la única forma de poder cambiarla, es transformando de verdad, cortando de raíz, generando un orden nuevo que permita un mundo libre donde todos y todas podamos ser realmente libres y estar a salvo.

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Por suerte, las mujeres en España, no estamos dispuestas a seguir callando y tolerando estos abusos y agresiones realizados desde las instituciones del estado patriarcal. No, lo demostramos cuando salimos en masa a tomar las calles al comenzar los juicios a La Manada, lo demostramos el pasado 8 de marzo cuando fuimos portada de toda la prensa internacional –pero apenas señaladas en los de la nuestra- , lo demostramos ayer cuando se hizo pública la sentencia y nos organizamos de inmediato para volver a tomar las calles, en todos los rincones de esta provincia y de todo el país, en apoyo de esta joven, para gritarle “Hermana, ¡No estás sola!¡Yo sí te creo!…”.

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Las mujeres hemos tomado conciencia, empujadas por tanta barbarie. Y ya nada podrá detenernos. Vamos a por todas. No tenemos miedo. Ayer era uno de los gritos más sonados. No vamos a permitir ni a tolerar ni una sola sentencia, ni una sola agresión más, impunes. Somos manada. La verdadera manada. Hartas. Saturadas. Repletas de rabia, pero también, empoderadas, cargadas de nuestras armas.

Ojo con estas armas. Son las que empuñaron las mujeres que marcharon a Versalles en la Revolución Francesa. Son las que empuñaron las mujeres rusas que pidieron la salida de la I Guerra Mundial y forzaron la crisis durante la revolución rusa. Son armas diferentes, que nacen de los ovarios y del deseo de proteger la vida. Son nuestras armas.

Armas que disparan flores y fuego para un orden nuevo.

Armas de Futuro y Vida.

¡Hermana, no estás sola!…¡Aquí está tu manada!…

La verdadera Manada.

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