FEMINISTA Y ANTIFASCISTA, por Juan José Ruiz Travieso

En 1977, después del asesinato de los abogados laboralistas de la calle Atocha,  se consideraba que la ultraderecha era una seria amenaza para la democracia. Ese año se estrenó “Camada negra” de Manuel Gutiérrez Aragón. En 1981 se produjo el golpe del 23F y yo era alumno de un instituto público donde lucían sus símbolos un grupo de jóvenes admiradores de figuras como Franco, Primo de Rivera o Blas Piñar. Recuerdo que el primer curso varios alumnos fueron expulsados del centro por decir que había fascistas en la enseñanza. Cuando escribí para el periódico del instituto  un artículo que condenaba el golpe de estado descubrí que ciertos chicos podían amenazarte con partirte la cara, mientras un profesor te advertía que tuvieras cuidado, y que como dijo Alberti, a veces las palabras no sirven, son palabras.

Pasaron los años y de ser alumno pasé a ser profesor. Me encontré con alumnado que admiraba a Franco, a los nazis, al fascismo. Igual que sus familias. Que cantaba tranquilamente el Cara al sol o El novio de la muerte.

Ahora, al cabo de los años, me encuentro con jóvenes que hablan de “la horda feminazi”. Uno pensaba que el fascismo quedaría aparcado en la historia tras años de asesinatos y violencia, lo que nos contaba aquella Camada negra, donde una fascista al estilo Pilar Primo de Rivera adoctrinaba a jóvenes en el odio a la izquierda.

Ahora tenemos “manadas negras”, cachorros educados en el odio al movimiento feminista. El siglo XXI nos trae a la superficie lo que parecía que estaba hundido y muerto. Hablar de las violencias machistas produce urticaria a mucho joven educado o influido por cierta gente que nunca cambió de ideología. Si criticas el capitalismo patriarcal o la justicia patriarcal que dictó la bochornosa sentencia de La Manada, entonces te pueden llamar feminazi.

A la ultraderecha que ahora saca autobuses con mensajes de odio le ha dado por hablar de adoctrinamiento en las escuelas, de enfrentamientos hombre-mujer. ¿Guerra de sexos? Mas bien hombres y mujeres, cómplices  del Patriarcado, que no soportan a las mujeres y hombres que denuncian el sistema patriarcal.

Que no nos hablen de lucha de sexos. Hay una lucha por la Igualdad de derechos, y ahí  es necesario estar.  Los admiradores del nazismo y del fascismo no están dentro de los moviminentos feministas que luchan contra terribles desigualdades que se mantienen desde hace siglos. Están en esa ultraderecha que sale de los pozos y alcantarillas de la memoria, ese que triunfa en varios países de Europa y que tiene sus raíces entre nosotros y nosotras.

 

 

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