El “yoísmo” y el “nosotrosismo” en la Educación Pública

YO

Por J. David Vargas

Pocas cosas hacen más daño a la Educación Pública que el “yoísmo” y el “nosotrosismo”. ¿Quién no ha estado en una sala de profesores quejándose amargamente porque un grupo no trabaja, o un alumno o grupo de alumnos revientan las clases, y se ha acercado alguien con una sonrisa de autosuficiencia dibujada en los labios y ha dicho: “pues conmigo eso no pasa porque yo…”?

No me refiero aquí -y es importante diferenciar- a compartir experiencias con los compañeros y enriquecerse mutuamente. Quien haya vivido lo expuesto en el primer párrafo sabe que nada tiene que ver lo uno con lo otro.

Recuerdo como si fuera hoy el primer año que trabajé como profesor en un IES de Alcalá de Guadaira. Era tutor de un 3° ESO muy complicado. En el equipo educativo había una compañera a la que le parecía casi un crimen que un novato como yo estuviera allí como profesor y, además, con una personalidad fuerte como para no dejarse manejar. En una sesión de evaluación, cada vez que decía algo, me llevaba la contraria o hacía algún comentario que demostraba suficiencia en comparación con el pobre chavalito novato e interino que estaba dirigiendo, porque esa era su función, la sesión de evaluación. En un momento dado, llegué a un alumno – ya casi terminando, su apellido empezaba por “T” – y dije algo así como que se negaba a hacer cualquier cosa, que tenía una actitud muy negativa y presentaba una tendencia a la insumisión total respecto a sus estudios. Esta compañera empezó su perorata con que no podía estar más en desacuerdo, que con ella trabajaba muy bien, que su comportamiento era estupendo porque ella había llamado a su madre, que es lo que hay que hacer (apunta, tutor novato), etc.

Miré la nota que había obtenido en su asignatura y era un 2. La misma que en casi todas las asignaturas pues solo había aprobado Religión.

– En tu asignatura tiene un 2- le dije sorprendido.

– Bueno porque en los exámenes tiene 0,75 0,5 y un 1.

El resto de compañeros y compañeras la miraron con estupefacción.

– ¡Pero trabajar, trabaja! Al menos, conmigo – añadió ante el silencio acusador que se cernía sobre ella.

Hace poco volví a vivir un proceso de “yoísmo y nosotrosismo” en una reunión con varios representantes de la comunidad educativa sobre la convivencia en las aulas. Uno de los directores que allí había insistía en sus logros en su centro, continuamente refiriéndose al antes y después de asumir él la dirección. A veces, hablaba de “nosotros” en vez de “yo”, pero obviaba que estábamos allí para aportar en pos de la muy necesaria mejora de la convivencia en las aulas andaluzas. No estábamos para escuchar “su” experiencia o su buen hacer, que no la pongo en duda, solo que me recordó mucho a ese “yoísmo y nosotrosismo” tan singularizador y que construye tan poco cuando no se piensa en resolver el problema sino en mostrar lo “buen profesional” que es alguien en comparación con los pobres mortales que, humildemente, compartimos – oh, casualidad – problemas muy parecidos en aulas o centros comunes.

Más nos valdría pensar todos y todas en mejorar la Educación Pública y abandonar ya egos de salón que solo producen patetismo y lástima, cuando no sentimientos menos agradables.

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