¡No me utilicen en esta crisis del sistema!

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Por Nereida Cáceres, Orientadora

El Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, por el que se declara el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19, dice así: “Durante el período de suspensión se mantendrán las actividades educativas a través de las modalidades a distancia y «on line», siempre que resulte posible”.

¿Qué entendemos por educación “on line”  y qué entendemos por “siempre que resulte posible”?  Ante la injustificada falta de concreción nos preguntamos qué enseñar, con qué herramientas, quién las posee, cómo enseñarlo, qué ajustes realizar dada la situación social, económica y emocional de muchas familias.

El Real Decreto no responde a estas preguntas, y desde el 14 de marzo hasta el 2 de abril la Consejería de Educación de Andalucía no publicó nada que ayudara a solventarlas. El 2 de abril la Consejería sacó una circular con la intención de exponer cómo se debía llevar a cabo el proceso de enseñanza-aprendizaje en nuestra comunidad, pero lejos de aclarar estas cuestiones logró expandir el miedo, la inseguridad, la tristeza y la rabia.

La primera lectura de esta circular te hace pensar que no has leído nada nuevo, que solo repite trozos de normativas de ordenación y evaluación educativa; eso sí, todo aderezado  con un halo de buenas intenciones pueriles. También te puede llevar a pensar que tu capacidad de leer y retener está mermando por el distress emocional de estos días.

Uno de los objetivos que, parece, se marca la Consejería con la publicación de esta circular es exponer su preocupación por aquellos estudiantes que no pueden subirse al carro de este tipo de enseñanza a distancia que nos ha sobrevevenido de manera tan rápida e impuesta. Los medios en los que confía la administración para que estos alumnos no vean afectado su rendimiento no son otros que los ya consabidos como salvadores de la educación en muchos otros momentos, los maestros y su ilusión.

También habla de un programa de refuerzo para aquellos alumnos que por motivos socio-económicos no hayan podido sumarse a la vida académica on-line. Pero este programa lo contempla en un escenario de vuelta a las aulas antes de que termine este curso, o en septiembre, con lo cual está contemplando posible solución en un contexto muy poco probable y unos recursos que mucho me temo no tendremos a la vuelta.

Se insta a avanzar en las programaciones didácticas. Y este avance, no es más que fomentar la desigualdad social, que nunca ha sido una lucha de este gobierno. Ni tan siquiera un problema, es una oportunidad para seguir enriqueciendo a los ricos.

Invoca a los orientadores/as junto con tutores/as a ofrecer el apoyo necesario. Sinceramente, no sé a qué apoyo se refiere, si a contarles un cuento, enviarles de nuevo una guía sobre cómo pasar el confinamiento de la miles que rondan por la red, o un meme gracioso… Con toda sinceridad. creo que no estoy, ni me han preparado, para ello. Humildemente reconozco que no sé hacer orientación on-line a las familias.

En esta circular del 2 de abril se habla de adaptarse a las nuevas circunstancias. Y cómo lo hacemos, pues como siempre nos dijeron: integrando, diversificando, reforzando, enriqueciendo… De nuevo la palabrería fija, de nuevo el vacío en cómo lo desarrollamos, de nuevo el copia y pega de los sempiternos vocablos de un diccionario educativo sabido de memoria, aunque sin entender muy bien el significado por parte de quien los usa siempre, ya que los medios que aportan están lejos de alcanzar esos conceptos.

La Consejería de Educación de Andalucía habla de que se debe favorecer el aprendizaje autónomo. ¿Autónomo? ¿Desde qué edad? Que el alumnado coja su tablet, su wifi, mire la hora para saber cuándo es adecuado sentarse, se distribuya el tiempo. La autonomía se enseña, no se crea de la nada y, a diversas edades hay diversas autonomías.

Estas herramientas sirven de poco para familias con pocos recursos que no pueden permitirse la conexión a Internet o que no poseen un ordenador . La imagen de familia blanca caucásica de clase media con un iPad para un hijo, enseñándole la última actividad o el último juego, la madre que maneja y tiene formación tecnológica y formación educativa para explicar la ultima actividad, no es sino una imagen trampa, un engaño. Esa no es la familia media española , ni lo ha sido y mucho menos lo será.

La desigualdad social en las aulas ya existía, pero de 9 a 14 nos asegurábamos de que todos y todas pudieran acceder a los mismos recursos. Aún así, había desigualdad, no todos venían de la misma realidad para poder atender en nuestras aulas. Ahora, si participo en este circo, vuelvo a entrar en contradicción y crisis, no quiero fomentar más desigualdad y hacerme responsable de esto.

Andalucía solo ve el problema en temporalización, mecanismos telemáticos y estrategias (que, por cierto, las estrategias son las de siempre). Ni una sola mirada al maestro/a. No se considera que también el profesorado se ve afectado por el confinamiento, la pandemia y sus consecuencias. Parece que la Consejería presupone a un profesor/a blanco, caucásico, con dos sueldos en casa, una pareja de maestros, formado en redes, sin padres dependientes o hijos que atender, parece que ellos, no concilian, ni sufren crisis por esta situación.

Hay que esforzarse en acompañar emocionalmente a los profesores, alumnos y sus familias, y con esto reforzar habilidades sociales de empatía y solidaridad, valores que el capitalismo nos robó y que esta crisis ha puesto sobre la mesa. La solidaridad no está en un aplauso, está en utilizar esas mismas manos para ayudar y no para redactar una circular, vacía de técnicas y con una sola intención, cubrir expediente.

Esta circular es ficción; aun así nuestro empeño en seguir teletrabajando nace de la profesión de maestro/a,  que se lleva en las venas, de la necesidad del contacto y de la responsabilidad, y de la misma sumisión a lo que nos dicten desde despachos por personas que no tienen contacto con la realidad , ni con los niños/as que atendemos.

La educación como aprendizaje de contenidos no está en ninguna primera línea de una situación de crisis, no nos empeñemos. Aquí también ha habido recortes, año tras año, no se nos mueren pacientes, como en Sanidad, se nos muere la posibilidad de que un niño que será un adulto, tenga un lugar digno en esta sociedad. Los que no tienen un lugar en la sociedad, enferman más, sufren, malviven y no pueden estar en este mundo.

No quiero contribuir a la desigualdad social, ya contribuyo sin querer en el sistema educativo,  pero ahora no quiero someter a más crisis a las familias y a sus hijos. La Educación Pública, es la fuente de la que mana la convivencia y el tener un lugar verdadero en el mundo,  y eso lo teníamos de 9 a 14 horas , de lunes a viernes. Ahora , ya no hay igualdad, ni convivencia de la diversidad en el mismo lugar y circunstancia.

Si en las aulas sabíamos de algunas niños/as en familias con problemas sociales, económicos, emocionales, figúrense como serán estos días.  Si pensamos con nuestra mente “yoísta” y burguesa que todas las familias tienen en estos momentos mesura, estabilidad, tiempo, formación, equilibrio para sentarse con su ordenador y sus hijos/as a hacer la tarea, nos falta mirada de realidad.

Lo que menos me importa que le afecte a mi hija es al rendimiento académico. Lo que más, es el país que le dejaremos, aun más atrasado, más contaminado, más opresor, más deshumanizado.

Tengo la humildad de reconocer que no estoy preparada para resolver una crisis familiar en una llamada o videoconferencia. Suponiendo que la otra parte quiere recibirme en casa, desde mi iPad o PC, en mi escritorio,  para darles consejos desde mi casa. No me he formado para ello e intervenir en momentos de crisis tiene bastante complejidad, y no se soluciona con una palmadita en el hombro y un “pronto va a acabar”. Acabar, ¿qué? Lo que viene no es lo mismo de antes… Acabará el confinamiento, pero seguiremos confinados en la precariedad y en la opresión y en el miedo.

Abandonen las aulas virtuales precarias y entreguen las armas de desigualdad social.

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