12 de febrero: Día Mundial contra el uso de niñ@s soldado

El 12 de febrero es una fecha en la que se debe subrayar la estrecha relación entre el comercio y venta de armas con el reclutamiento de niñas, niños y adolescentes en diversos países.

El reclutamiento de personas menores de dieciocho años está explícitamente prohibido por el derecho internacional. No obstante, sigue produciéndose y afecta, según datos de UNICEF a más de 300.000 niños, niñas y adolescentes del mundo.

La pobreza, los desplazamientos forzados, la inexistencia de suficientes escuelas o la falta de posibilidades de formación o expectativas de los y las jóvenes, favorecen el reclutamiento “voluntario”. Por el contrario, el reclutamiento es definitivamente involuntario tras la separación traumática de niños y niñas de sus familias, cuando se producen secuestros u otras situaciones violentas similares. La ONU indica que 1.683 niñas y niños fueron secuestrados en 2019, para ser utilizados como soldados, esclavos y esclavas sexuales en Somalia, República Democrática del Congo y Nigeria.

La violencia sexual en contra de las niñas, por parte de los propios grupos que las reclutan, o utilizada esta violencia contra ellas como arma de guerra, las posiciona en una situación de especial vulnerabilidad. Las jóvenes quedan expuestas al contagio de enfermedades de transmisión sexual y sus secuelas, además de sufrir lesiones, embarazos no deseados, y exponerlas al riesgo de perder la vida, antes, durante y después del alumbramiento sin atención médica ni cuidados sanitarios adecuados a su inmadurez física para ser madres.

En la Guerra civil española, los adolescentes también eran reclutados y reclutadas. Tenemos aún viva una generación de supervivientes que fueron víctimas y testigos de violaciones de derechos humanos y trasmitieron a sus hijos e hijas sus duelos, su incertidumbre y el temor al abandono. Por este motivo podemos y debemos desarrollar la suficiente empatía para acercarnos a los daños físicos y emocionales de los niños, niñas y jóvenes de los actuales conflictos armados.

Debemos adoptar un papel activo como sociedad civil y pedir responsabilidades, tanto a nuestro gobierno como a las empresas de armamento y al resto de gobiernos, o a quienes son directamente responsables del reclutamiento de niños, niñas y jóvenes. Además, exijamos al amparo de la normativa internacional, más políticas de protección materializadas en recursos destinados a la reparación y al tratamiento médico, a la educación y formación profesional para la reinserción de estos niños, niñas y jóvenes, principales víctimas de violencia en las situaciones de conflictos bélicos.

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