¿Qué hacer como hombre con el dolor ante la muerte de Laura Luelmo?, por Rubén Gómez

Es difícil añadir algo a los ríos de tinta que han corrido a propósito de esta tragedia, demasiado habitual por otro lado en un país con más de 1000 mujeres muertas desde 2003. Los medios de comunicación han tratado este crimen como siempre: difundiendo barbaridades, reduciendo la información a cuestiones morbosas, desenfocando el contexto y origen del problema, dando rienda suelta a manifestaciones de odio y venganza viscerales o utilizando la muerte para fines políticos interesados. Los medios del sistema desenfocan este episodio, ya viejo y repetido, en el que un hombre se siente con el poder y la legitimidad de utilizar a una mujer, deshumanizada completamente, para obtener unas formas de placer y satisfacción tóxicas y psicopáticas que son, en cierta medida, difundidas y reforzadas por el mismo sistema que ahora se muestra en los medios como horrorizado.

Como docentes, habituados a viajar y cambiar de lugar de trabajo, sobre todo en los primeros años, nos toca de cerca especialmente el asesinato de Laura Luelmo. Como militantes y afiliados de un sindicato feminista, sentimos que este crimen forma parte de ese frente contra el que luchamos y que es otro de los grandes obstáculos para alcanzar una sociedad mejor, más justa, segura, libre e igualitaria. Nos referimos, claro está, al patriarcado, a esa cultura que nos enseña a los hombres que las mujeres valen menos y están ahí para nuestro disfrute, administrar nuestros cuidados y poco más, a tratarles como un objeto más al servicio de los intereses y deseos de los hombres. Ese patriarcado que enseña a las mujeres a ser pacientes, bellas y no quejarse ni hacer mucho ruido ante la desigualdad, aceptando el papel adjetivo y secundario en detrimento de los hombres.

Y como cualquier otra persona, sentimos una mezcla de dolor, rabia, impotencia ante esta nuevo crimen en que muere una inocente a manos de un ser abyecto e inmoral. Muchas y muchos no podemos dejar de verlo como una manifestación extrema y violenta de esa misma cultura machista que impregna nuestro día a día.

Pero si de verdad nos duele y no queremos renunciar a esperar la siguiente tragedia sin hacer algo, tendríamos que ir más allá de donde están yendo con carácter general medios de comunicación, algunos partidos políticos y mucho de lo expresado y compartido en redes sociales.

Con demasiada frecuencia se exagera en las expresiones de rabia y de condena. Incluso hay quienes compiten por emitir el llanto o el grito de rabia más exagerado posible en una especie de campeonato por mostrar la herida e indignación más grandes. Se piden condenas ejemplarizantes, cadenas perpetuas, incluso penas de muerte, como si el gran problema no fuera que la mayor parte de policías y jueces no creen a las mujeres que dan el paso de denunciar. O como si las personas de determinada posición y con determinados recursos económicos y políticos no pudieran torear la justicia de este país, como es claro y palmario. Peor aún, comentamos con familia y amistades este drama y se nos llena la boca de rabia y odio, aunque seamos testigos de relaciones machistas de mayor o menor intensidad pero que contribuyen igualmente a esa cultura, a ese ambiente y a esos valores que refuerzan que tanto hombre pueda dar pasos como los de abusar, agredir y matar.

Sabemos que ni las penas duras consiguen atajar la violencia en los países que la practican (es un peligro histórico para el conjunto de la sociedad cuando un estado persigue la venganza en vez de la justicia), ni puede haber ningún remedio si no se identifica claramente y se actúa sobre la verdadera causa del problema. Todo lo demás tiene el efecto de ocultar y camuflar la realidad, difuminando e impidiendo una verdadera solución.

Todos estos son caminos fáciles que tratan de sortear uno más difícil y efectivo para empezar a atajar de verdad este dolor y sufrimiento. Y el primer paso es asumir una verdad evidente: si quienes abusan, explotan y maltratan a las mujeres lo hacen porque en sus valores se sienten legitimados para hacerlo y el proceso de socialización se hace en el entorno social, tendremos que empezar a cambiar ese entorno para que las próximas generaciones se eduquen en un mundo más seguro e igualitario. Si formamos parte de la sociedad y actuamos y comunicamos en ella, actuemos desde nuestra realidad más inmediata empezando por nosotros mismos.

De los caminos que podemos tomar, hay uno en el que cada cual se puede ser protagonista y se puede practicar todo el día. Podemos empezar por señalar y no aceptar comentarios y comportamientos machistas, respetar la igualdad en cada palabra y acto que realizamos. Los hombres, particularmente, tenemos una tarea pendiente y fundamental en este aspecto: la de trabajarnos personalmente. Esto implica aceptar algo fundamental como que vivimos y respiramos en una cultura con unos valores machistas que nos privilegian en muchos sentidos, pero que también nos hacen daño de otras maneras (daño que es mucho más grave y traumático en la inmensa mayoría de casos para las mujeres). Significa hacer autocrítica, significa cuestionarse y aprender a mejorarse para lograr establecer relaciones más igualitarias, sanas y felices con las mujeres.

Para ello, tenemos que formarnos, aprender a escuchar, juntarnos y tratar estas cuestiones. Tenemos mucho que aprender del feminismo, por mucho que el patriarcado nos haya dicho que un hombre de verdad lo sabe y controla todo. Por eso es duro, porque implica cuestionarse a uno mismo y a los demás.

Asumir el dolor por este tipo de injusticias significa también abandonar el victimismo  y dejar de convertirnos en el centro o los protagonistas de todo. No es el feminismo el que oprime al hombre, por mucho que una oleada de revisionismo postmachista trate de imponer esa idea por todos los medios. Para que en la sociedad deje de haber agresiones y crímenes machistas, hay que contribuir a que la sociedad sea más igualitaria. Por ello hay que dejar de reír los chistes machistas y dejar de relativizar comportamientos y actitudes que refuerzan esta desigualdad. Dejar de utilizar y explotar a mujeres, pero no solo sexualmente, sino también en nuestras tareas cotidianas. Abandonar la mala costumbre de sentirse heridos cuando se nos hace ver una actitud o comportamiento machista, ser humildes y honestos con nosotros mismos y reconocer los errores e incoherencias que respirar años de educación patriarcal han provocado.

Todo esto se tendría que resumir en empezar a intentar ser ejemplares ante nosotros mismos y el resto de la sociedad. En convertirnos en parte de la solución y no del problema. Como educadores, además, tenemos una responsabilidad y una ventaja mayor. En un entorno en el que los primeros referentes de nuestros jóvenes para las relaciones sexuales y afectivas son el porno u “Hombres, mujeres y viceversa”, el ejemplo y las palabras de maestras y maestros bien formados seguramente contribuirá mucho más que exabruptos a toro pasado y llamadas a la venganza violenta cuando las mujeres sufren y mueren. Tenemos la oportunidad de atacar directamente la raíz del problema haciendo realmente algo de verdad sin mirar a otro lado. Y ese camino me parece mil veces más arduo, efectivo, justo y hermoso para mejorar nuestra vida y la de los demás.

Los crímenes e injusticias parece que siempre existirán, independientemente de todo, pero seguro que el número de estos se reducirán hasta que un día, ojalá sea así, con esfuerzo, constancia y coraje, desaparezcan.

 

 

A Laura, por si un periodo de su vida podría haberse parecido a la mía

(Nos manda este emocionante artículo un compañero de Cantabria llamado Pablo sobre su experiencia como interino en Andalucía. En recuerdo a nuestra compañera interina Laura Luelmo, vilmente asesinada en El Campillo, Huelva. Su destino nos ha llenado de tristeza. Reiteramos nuestro pésame a familia, pareja, amigos y mandamos un fuerte abrazo al claustro y al alumnado del IES Vázquez Díaz de Nerva).

 

Hace ya bastantes años, yo sobrevivía en Cádiz con una modesta beca de Doctorado que me daba para lo mínimo, pero me hacía bastante feliz. Yo había estudiado en la Universidad Autónoma de Madrid. Con esa beca de movilidad ni de coña habría podido sobrevivir en Madrid, pero en Cádiz durante la temporada escolar, en un piso compartido, tirabas. Un día, serían las dos de la tarde, al llegar a casa después de correr por la arena y darme un baño en una playa que allí llaman La Playita de las Mujeres, al parecer porque hace unas pocas décadas sus usuarias casi exclusivas eran las mujeres del barrio, me encontré en el móvil una llamada perdida de un número larguísimo. Mientras pensaba de dónde podía venir esa llamada, el teléfono volvió a sonar. La llamada era para informarme de que por mi situación en la bolsa de profesores sustitutos me correspondía cubrir una sustitución en un pueblo llamado Alcalá de los Gazules. Yo sabía que ese pueblo existía, pero ni siquiera era capaz de ubicarlo en el mapa. Me pilló tan desprevenido que la persona que llamaba me tuvo que explicar que era de la Delegación de Educación de la provincia de Cádiz; recordarme que yo meses atrás había presentado mis papeles para formar parte de la lista de sustituciones y que por tener un Notable en el expediente académico de Filología Hispánica y estar Licenciado también en Economía me correspondían muchos puntos y al hacer la lista me habían puesto de los primeros; y anunciarme que al día siguiente tenía que pasar por el edificio de la Delegación, firmar un papel y marcharme inmediatamente a ese pueblo para incorporarme a su Instituto. Al día siguiente estaba dando clase en un pueblo de casitas blancas junto al Parque Natural de los Alcornocales. Era por mayo, cuando hace el calor. En mi primer día en el instituto un profesor me ofreció una habitación en su apartamento. En mi primera tarde me fui a andar por los alrededores; me entró la euforia y me puse a correr.

Así empezó mi vida de profesor. Esa primera sustitución duró solo dos meses; pero me dejó la sensación de que ser profesor sustituto era la vida que quería. En los años siguientes repetí unas cuantas veces ese ritual de la llamada, el nombre de un pueblo desconocido, los datos de la persona a sustituir, la carga precipitada de la mochila y la peregrinación en transporte público, y a veces incluso auto-stop, a pueblos que tenían unas conexiones muy precarias y en los que a los veinte minutos de llegar todo el pueblo sabía que eras el “maestro” nuevo y te saludaban así, “¡maehtro!”, y cuando ibas a comprar te cedían el puesto en la caja y se decían unos a otros “Deja pasar al maestro; que llevará bulla”. A veces el mismo día que acababa una sustitución en un pueblo recóndito de las sierras olivareras de Jaén recibía una llamada para estar al día siguiente en uno más recóndito aún de la lluviosa Sierra de Cádiz. Me gustaba tanto ese rollo, que cuando un septiembre me llamaron de Granada y me dieron a elegir entre un par de plazas vacantes para todo el curso y algunas sustituciones, elegí una sustitución de un par de meses en un pueblecillo. El hombre que me había llamado no salía de su asombro. Mi vida de sustituto acabó cuando me saqué la oposición. Por supuesto fue un notición; pero pasada la enorme satisfacción de comunicárselo a mis padres tuve un momento de nostalgia, por esa vida nómada y precaria que dejaba atrás.

Cuando llegaba a cada nuevo pueblo mis dos primeras actividades, por este orden, eran buscar casa y salir a correr por los alrededores. Unas veces había algún profe que quería alquilarme una habitación. Otras, algún conserje que tenía un contacto; y si no el conserje; el primo, el cuñado, la suegra o el vecino de alguien del instituto ofrecía algo. También recuerdo una vez, en un pueblo de la sierra sevillana, casi en la frontera con Extremadura, que al ir al despacho del director a presentarme y entregarle el nombramiento, sacó de las profundidades de su cajón el número de teléfono que había dejado una enfermera del Centro de Salud a principio de curso y me dijo con voz socarrona “El profe y la enfermera. Aprovecha que eres joven” y soltó una carcajada. No os hagáis líos, la enfermera era tan inatractiva para mí como yo para ella; pero como compañera de piso era imposible tener problemas; solo trabajaba dos días por semana y a veces ni eso; el resto del tiempo estaba en Sevilla; en el mes y medio que duré allí casi ni la vi.  De todas las anécdotas estas de encontrar una casa en la que vivir durante mis sustituciones, sin duda la más digna de ser contada fue la de un minúsculo pueblo de Córdoba, cuyo instituto tenía un total de setenta alumnos. Llegué al pueblo en autobús. Enfrente de la parada vi una tiendecita y entré a comprar una botella de agua, fruta y algo para hacerme un bocata. Según estaba pagando pregunté a la tendera si me podía dar noticia de algún piso para alquilar. Pegó un grito a una chica que estaba colocando cosas por allí y esta salió y un minuto después volvió con una mujer joven muy grandota que miró de arriba abajo mi aspecto descuidado, mi pelo y la colchoneta que coronaba mi macuto viejo y, con voz seca,  dijo “No, lo siento, lo tengo alquilado”. Yo me fui al instituto; me presenté, supe que los pocos profesores que había vivían todos en Córdoba  y nadie tenía idea ni de una habitación ni de un piso ni de nada. Así que, después de comerme el bocata en un parque, me puse a dar vueltas por el pueblo y a preguntar en los bares si conocían a alguien que alquilase. Me enseñaron un par de pisos que eran verdaderos agujeros  lúgubres. Avanzada la tarde, cuando ya asumía que al menos las primeras noches tendría que pasarlas en un hostal que había junto a la carretera, un coche se paró cerca de mí. Del asiento del copiloto salió la mujer joven de la mañana y me dijo “Muchacho, tú eres el maestro nuevo ¿No? Pues ven, que te enseño la casa. Está aquí al lado”. Mientras andábamos hacia la casa me contó que el del coche era su hermano y que había estado dando vueltas por el pueblo buscándome. Me pareció cómico que, de forma tan poco sutil, esa mujer dejase en evidencia que por la mañana me había quitado de en medio porque se había creído que era yo un hippie zarrapastroso y al enterarse de que era profesor había salido en busca del inquilino tesoro. Pensé en darme el gusto de dejarla que me enseñase la casa y decirle al final aquello de ahora es demasiado tarde princesa; pero tampoco tenía mucha opción y la casa resulto ser una maravilla: llena de luz, con vistas hacia la campiña, con un patio cordobés…. Total, que me tragué mi orgullo y viví allí los cuatro meses siguientes.

Esos años quedan ya bastante lejos; después de sacar la oposición vinieron los destinos para curso completo; luego vino la plaza definitiva y, para mantener en lo posible la privilegiada identidad de profesor itinerante, me acostumbre a los concursos de traslados y los programas del Ministerio para profesores en el extranjero. He pasado por varios países y por varias comunidades autónomas hasta llegar a la costa cántabra donde disfruto de un alumnado y unas condiciones laborales difícilmente mejorables; sin que eso signifique que vaya a echar raíces. Si hoy he desempolvado algunas escenas costumbristas de mi odisea macarrónica como profesor sustituto por la Andalucía recóndita es porque en los últimos días esos recuerdos me vienen a la cabeza conectados con otros datos del presente. Y creo que necesito sacarlo fuera.

La semana pasada, a propósito de la Literatura Medieval, pedí a los alumnos de 1º de Bachillerato una redacción personal basada en el cuento de los Altramuces; ese que hablaba de un hombre que solo tenía unos tristes altramuces para alimentarse y se lamentaba de su miseria y desdicha mientras echaba tras de sí las cascaras y acababa descubriendo a otro hombre comiéndose las cascaras que el arrojaba. La redacción tenía que versar sobre una experiencia propia y la única premisa era que en algún momento tenía que aparecer el enunciado “y entonces me vino a la memoria el cuento del hombre que comía altramuces”.

El viernes pasado, en la tutoría con los alumnos de 4º de la ESO, recibimos la visita de dos mujeres de la Red cántabra contra la trata de personas que nos estuvieron explicando cómo funciona el comercio de seres humanos con fines de explotación sexual y aportando frías cifras sobre los muchos millones de euros que movía el negocio y la cantidad y variedad de mujeres sometidas por estas redes a condiciones de esclavitud.

Esa misma tarde vi una noticia en la televisión que hablaba de mujeres que habían creado aplicaciones móviles y redes sociales para salir a correr juntas porque saliendo solas muchas de ellas veían viciado su disfrute de esa actividad tan libre, asequible y liberadora de endorfinas por un acoso cotidiano de hombres que podía ir del piropo soez a la agresión física. Me impresionó el relato de toda una campeona de España que después de varios días detectando que se cruzaba con demasiada frecuencia con un mismo coche acabo siendo abordada y solo su condición de plusmarquista le salvo de caer en las garras del asaltante.

Y también en la última semana he estado hablando con alumnas de 2º de Bachillerato para retomar una idea que dejamos pendiente al final del curso pasado. El rodaje de un video en el que una situación cotidiana de aula en la que se hablaba de un personaje histórico llamado Benjamin Franklin desembocaba en que un grupo de chicas recitaban un breve relato de Eduardo Galeano titulado Si él hubiera nacido mujer. El relato dice así:

De los 16 hermanos de Benjamín Franklin, Jane es la que más se le parece en cuanto a talento y fuerza de voluntad.

Pero a la edad que Benjamín se marchó de casa para abrirse camino, Jane se casó con un talabartero pobre, que la aceptó sin dote, y 10 meses después dio a luz a su primer hijo. Desde entonces, durante un cuarto de siglo, Jane tuvo un hijo cada dos años. Algunos niños murieron, y cada muerte le abrió un tajo en el pecho. Los que vivieron exigieron comida, abrigo, instrucción y consuelo. Jane paso noches en vela acunando a los que lloraban, lavó montañas de ropa, bañó montoneras de niños, corrió del mercado a la cocina, fregó torres de platos, enseñó abecedarios y oficios, trabajó codo a codo con su marido en el taller, y atendió a los huéspedes cuyo alquiler ayudaba a llenar la olla. Jane fue esposa devota y viuda ejemplar, y cuando ya estuvieron crecidos sus hijos se hizo cargo de sus propios padres achacosos y de sus hijas solteronas y de sus nietos sin amparo.

Jane jamás conoció el placer de dejarse flotar en un lago, llevada a la deriva por un hilo de cometa, como suele hacer Benjamín a pesar de sus años. Jane nunca tuvo tiempo de pensar, ni se permitió dudar. Benjamín sigue siendo un amante fervoroso, pero Jane ignora que el sexo puede producir algo más que hijos.

Benjamín, fundador de una nación de inventores, es un gran hombre de todos los tiempos. Jane es una mujer de su tiempo, igual a casi todas las mujeres de todos los tiempos, que ha cumplido su deber en esta tierra y ha expiado su parte de culpa en la maldición bíblica. Ella ha hecho lo posible por no volverse loca y ha buscado, en vano, un poco de silencio.

Su caso carecerá de interés para los historiadores.

 Y, claro, en mi condición de profesor que acostumbra a estar por la calle, caminando, corriendo o mirando a las musarañas, a cualquier hora, sin sensación de que corra ningún peligro; pensando en esa parte de mi pasado que transcurrió por pueblos de Andalucía y dejó en mi memoria una gran colección de buenísimos recuerdos tengo la sensación de que este texto podría acabar diciendo:

Yo de mayor quiero ser…….. puntos suspensivos. Por desgracia todas las personas del mundo pueden dividirse en dos grandes grupos. Los que tienen el privilegio de nacer con XY  en el cromosoma 23 y los que nacen con XX . Las primeras pueden plantearse un amplio elenco de futuros posibles, de profesiones y tareas que desempeñar en la sociedad. Las segundas, como cuestiones previas, tienen que plantearse yo de mayor quiero estar……….. viva y en caso de respuesta afirmativa  yo de mayor quiero sentirme……. Libre.  Solo entonces pueden afrontar lo de yo de mayor quiero ser………

También podría acabar diciendo:

Y, claro, en mi condición de profesor que acostumbra a estar por la calle, caminando, corriendo o mirando a las musarañas, a cualquier hora, sin sensación de que corra ningún peligro; pensando en esa parte de mi pasado que transcurrió por pueblos de Andalucía y dejó en mi memoria una gran colección de buenísimos recuerdos; y, al mismo tiempo, persona que tiene como todos sus malos ratos; estos días, viendo las noticias me vino a la memoria el cuento del hombre que comía altramuces

Pero casi prefiero que acabe diciendo algo tan simple como:

            ¿Y si yo hubiera nacido mujer? 

 

Un nuevo colegio para Chipiona (sobre el CEIP Los Argonautas), por J.David Vargas, responsable de Costa Noroeste de USTEA Cádiz.

Es evidente que la situación del CEIP Los Argonautas de Chipiona es insostenible. Se trata de una rara avis en lo que a colegios públicos se refiere, fundamentalmente por estas cuestiones:

  • No se construyó como colegio.
  • Se empezó a utilizar como colegio, de manera provisional, hace más de tres décadas y parece que la Administración olvidó la palabra “provisional”.
  • El edificio no pertenece a la Consejería de Educación sino a la Consejería de Asuntos Sociales.
  • El colegio no tiene titularidad, lo que significa que ningún docente puede ocupar en él una plaza definitiva sino que cada año piden ese destino para ocupar una vacante.
  • El edificio se encuentra en muy mal estado. Se ha descubierto amianto. El sistema eléctrico está tan deteriorado que a punto se estuvo de no poder empezar las clases en septiembre por el riesgo para profesorado, alumnado y personal laboral y de limpieza.

Por todo lo expuesto, el AMPA del CEIP Los Argonautas está trabajando de un modo ejemplar para que se construya un nuevo edificio en un terreno en el que ya se encuentra la parte de Infantil de Los Argonautas y que está regulado por el ayuntamiento desde hace años para equipamiento educativo.

El jueves 13 de diciembre, en reunión extraordinaria del Consejo Escolar Municipal, todos los y las representantes de dicho Consejo dimos nuestro apoyo para que dicho proyecto sea realizado y que la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía construya ese edificio tan necesario.

USTEA Cádiz seguirá trabajando en este asunto en la medida de nuestras posibilidades, como también seguiremos trabajando para que el alumando de la FP Básica de Cocina que ahora ocupa parte del edificio en cuestión tenga también su propio centro. Conseguimos ayer que el Consejo Escolar Municipal recogiera la necesidad de llevar este Ciclo de Cocina al edificio San Fernando de Chipiona para potenciar estos estudios en la localidad y que alumnado que no ha conseguido el Graduado pueda titular y pueda, al mismo tiempo, aprender un oficio, lo que nos parece doblemente importante.

Seguimos apoyando y aportando para la mejora de la calidad educativa en nuestra provincia. Especialmente, cuando se trata de casos tan sangrantes y tan evidentes como el del CEIP Los Argonautas de Chipiona.

Opinión personal:el profesorado interino ante las elecciones sindicales docentes del 4D, por J.David Vargas (responsable Interin@s de USTEA Cádiz)

El próximo martes 4 de diciembre, nos jugamos mucho los interinos e interinas docentes en Andalucía. Nos jugamos que en la Mesa Sectorial estemos representados o que en la Mesa Sectorial se sienten aquellos que han demostrado que no les importamos absolutamente nada hasta que nos convertimos en funcionarios docentes. Entonces, sí. Entonces ya somos trabajadores y trabajadoras que merecemos su atención, pero precisamente ahora que estamos precarizad@s, precisamente ahora que vemos cómo se cierne un ERE masivo en el caso de no acceder a la plaza y que pedimos ayuda y que necesitamos aliados, lo que oímos de esos compañer@s (pues a pesar de todo, eso es lo que son) es “los interinos que estudien”, como decía una representante del sindicato más votado hace cuatro años (USTEA fue el segundo) en una entrevista en un periódico de Cádiz. Por no hablar de sus estadísticas – que son las mismas que las de la Consejería- en las que se habla de “interinos que consiguen la plaza” metiendo en la misma estadística al profesorado interino con tres meses de servicio o al profesorado interino con doce años de servicio.

Claro que estudiamos, cómo no vamos a estudiar si sabemos que si no sacamos la plaza en los próximos años todo hace pensar que nuestro futuro es el paro. Un paro que se cierne sobre personas que ya hemos cumplido una edad y con un perfil docente por el que no se van a pelear, precisamente, las empresas para contratarnos. Pero cuando alguien, en mitad de una movilización del profesorado interino, desprecia nuestra situación laboral diciendo “los interinos que estudien” me pregunto si sabe algo de ese tribunal de Inglés de Málaga en el que varias interinas suspendieron el segundo examen con 4’6, 4’7 y hasta con un 4’95 cuando el haber obtenido un 5 les habría dado la plaza después de baremar los méritos. Me pregunto si saben que en ese tribunal aprobaron 14 personas los dos exámenes para 14 plazas existentes y que esas interinas suspendieron sólo la parte de la Unidad Didáctica que llevan años trabajando y que dominan perfectamente, como dominamos tod@s los que trabajamos en un colegio o en un instituto. Porque no hace falta ser Giner de los Ríos para saber qué es una Unidad Didáctica.

Casos como el de ese tribunal de Málaga (ahí está la página de la Consejería con esas notas) han ocurrido más (por desgracia, bastantes más) y en USTEA Cádiz vamos a hacer un estudio para luego preguntar a esa “compañera” de ese sindicato y a la Consejera y a la Directora General del Profesorado y Gestión de Recursos Humanos, que también afirmaban cuando pedíamos un Plan de Estabilidad que lo que teníamos que hacer era estudiar, si tienen algo que decirles a esas compañeras interinas de ese Tribunal de Málaga y al interino/a que ha pasado por lo mismo en otros tribunales de otras provincias y otras especialidades (hay decenas de casos), tanto en 2018 como en convocatorias anteriores.

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Y entonces volvemos al martes. Elecciones. ¿Qué nos jugamos los interinos/as? Pues nos jugamos que en la Mesa haya un sindicato como USTEA que nos represente o que en la mesa estén aquellos para quienes los interinos/as somos una especie de molestia, un anacronismo (curiosamente, la mayoría de esas personas fueron interinas antes de ser funcionarias), un incordio, una piedra en el zapato.

En USTEA Cádiz no es que escuchemos a los interinos. Es que, como es mi caso, y el de varios compañeros y compañeras, SOMOS interinos e interinas. En USTEA, no se mira si una persona es funcionario de carrera o no. Se mira a la persona. Se mira al trabajador/a y se le defiende en lo que necesita, tanto en la problemática colectiva como en la individual. Creo que hemos dado muestras suficientes en USTEA Cádiz de ser dignos representantes del profesorado interino. Hemos de recordar que los interinos/as representamos un número total que puede decidir las elecciones. Y si lo hacemos, y si USTEA gana las elecciones sindicales docentes con el voto masivo de funcionarios/as e interinos/as tal vez todos aquellos que nos desprecian con su “que estudien” mientras nosotros estamos en la calle gritando y ellos hacen como quien oye llover, tal vez, digo, recapaciten y en vez de vernos como una molestia nos vean por lo que somos: trabajadores precarizados que necesitamos una solución a nuestros problemas y el apoyo de las organizaciones sindicales, que deberían sentir vergüenza de mirar para otro lado cuando hay en Andalucía más de veinte mil interinos e interinas que esperan su apoyo. Afortunadamente, ni USTEA ni otras organizaciones sindicales de clase han hecho oídos sordos a nuestros gritos como se ha demostrado en las movilizaciones y huelga que mantuvimos en el tercer trimestre del curso pasado.

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Por todo ello, yo iré el martes a votar por USTEA para que me represente, para defender a tod@s l@s docentes  y para que siga luchando por una Escuela Pública de calidad que sirva para mejorar nuestra sociedad y en la que no exista precarización en el trabajo. Pido a todos los compañeros y compañeras interinos e interinas docentes que reflexionen sobre esto y que el martes se tomen la hora a la que tienen derecho para ir a votar. Que voten en conciencia, que voten a esa organización sindical que mejor puede representarles de cara a una administración que nos desprecia. Que voten al sindicato que va a estar de frente a todo lo que se nos viene encima en los próximos años, tras al Acuerdazo –sin NADA para el profesorado interino- y con varias fuerzas políticas jugueteando con la idea del MIR como quien juega con soldaditos de plomo. Yo creo que ese sindicato que sí va a estar conmigo como interino es USTEA. Y el martes, obraré en consecuencia.

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USTEA Cádiz estuvo varias veces marchando por las calles de Sevilla durante el curso pasado pidiendo Estabilidad para el Profesorado Interino.  También estuvimos, como el resto de USTEA, en la columna interina de las Marchas de la Dignidad el 28F (ver foto abajo).

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En Sevilla, con lluvia o con sol: ¡Estabilidad Profesorado Interino!

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Opinión personal: ELECCIONES – OBJETIVO ENTRAR EN LA MESA SECTORIAL DE EDUCACIÓN, por Pablo Díaz

Para poder defender la Educación Pública, llevar nuestras peticiones y propuestas y conocer las intenciones de la Consejería de Educación y denunciarlas – si ello fuera necesario-  es fundamental estar en la Mesa Sectorial de Educación.

                Uno de los objetivos de todos los sindicatos es estar en esta Mesa, por eso estos días se pide que se haga un esfuerzo y se vote, la importancia del voto es decisiva ya que si no se alcanza el 10% de los votos a nivel andaluz no se accede a dicha Mesa.

                En dicha Mesa, estará la Consejería de Educación y CC.OO y UGT, sindicatos que aunque tengan cero votos ya están en la Mesa al tener la consideración de sindicatos más representativos a nivel estatal.

                El sistema “está montado así”, en realidad se decide que otros sindicatos acompañan a los UGT y CC.OO, por eso se apela a todos/as los/as docentes incluso a los afiliados a estos sindicatos a que decidan si quieren que estén acompañándoles en la Mesa, alguna de las dos opciones con posibilidades reales de estar en la Mesa.

  1. Una opción está formada por esos seudosindicatos que más que sindicatos parecen gestorías que te lleva papeleos diversos junto con descuentos, ofertas, agencias de viajes, seguros médicos, clausulas suelo, etc. Seudosindicatos que en fechas claves para defender los derechos de los/las trabajadoras como el 8 de Marzo o el 1 de Mayo, huelgas, manifestaciones, etc. no los vas a encontrar.

   2. La otra está formada por sindicatos concienciados en que su función es Defender los derechos de sus compañeros y mejorar la educación pública para que esta se desarrolle no solo en unas condiciones dignas sino con la calidad que le niegan una y otra vez la mayoría de las administraciones. De estos el único que está en Mesa y tiene posibilidades de alcanzar el 10% del voto es USTEA, el resto de sindicatos ni está ni pueden llegar, de ahí la necesidad de que reflexione todo el mundo sobre la importancia de votar y la necesidad de votar a quien tiene posibilidades de llegar a la Mesa, sindicatos que se presentan en solo algunas provincias o que solo obtienen el voto de una parte de los docentes no llegan a la Mesa y por tanto su voto se queda para las estadísticas, tener algún representante en la Junta de Personal provincial y por desgracia poco más.

Recuerda: La Mesa se constituye como instrumento de diálogo y negociación de los temas que afectan al personal docente, por la Mesa tienen que pasar cuestiones como: oposiciones, retribuciones, concurso de traslados, plantillas, formación, etc. y USTEA tiene que estar en esa Mesa y para ello tu voto es fundamental

resultados 2014

Resultados2014_  (resultados por provincia. Abrir PDF)

SE ADJUNTAN TABLA DE RESULTADOS DE LAS ÚLTIMAS ELECCIONES.

 

Opinión personal: POR QUÉ “YO SOY USTEA”, por Mª Jesús de León, responsable de USTEA en la Sierra de Cádiz.

El próximo martes 4 de diciembre el profesorado andaluz está llamado a participar en las elecciones sindicales, nuestra segunda cita electoral apenas dos días después de las parlamentarias andaluzas. Habrá quien esta coincidencia le sature y le haga desistir de ejercer ese derecho; habrá quien el simple hecho de decidir a qué organización sindical elegir le haga desistir, movido por el desencanto y el descreimiento, o quizás por el desconocimiento de lo que cada una ofrece. A fuerza de oír en algunas personas la manida frase de que “todos los sindicatos son iguales y no sirven para nada” acabamos por creerlo.

Pero no, no todos somos iguales, ni muchísimo menos. Por eso, llegado el momento de enfrentarnos en las urnas, es importante recordar qué nos diferencia y para qué servimos. Está claro que esa idea interesa -y mucho- a la patronal, pues la clase trabajadora organizada e instruida en sus derechos siempre es un bastión duro de derrotar. De ahí también que USTEA-Cádiz trabaje en confluencia con otras organizaciones sindicales de clase hermanas en temas laborales y sociales, consciente de que la unidad de los trabajadores y trabajadoras es el único camino para conseguir nuestros objetivos para ese otro mundo posible.

8M sindical

Sin duda esta conciencia fue la que me llevó a aceptar hace algo más de un año formar parte del equipo provincial de USTEA-Cádiz y asumir las responsabilidades sociopolíticas, de su Espacio Feminista y de la comarca de la Sierra. Y, tras este año de intenso trabajo, junto a un equipo de personas realmente extraordinarias y entregadas, es cuando he podido verdaderamente entender la importancia de la labor que nuestra organización sindical realiza. Y puedo afirmar que para nada es la misma que la que realizan otras organizaciones. Porque USTEA ha tenido la voluntad consciente de atender a todo el profesorado de esta provincia, fuese o no afiliado, y ha organizado su estructura de organización y funcionamiento en base a las comarcas provinciales, para que todas fuesen realmente atendidas en sus necesidades. Cuando faltó profesorado, monitor@s, administrativ@s, cociner@s, limpiador@s; cuando las lluvias causaron destrozos, el calor o el frío impedían dar clase o los edificios mostraron desperfectos; cuando las condiciones laborales no fueron las adecuadas para ejercer con dignidad nuestra labor; cuando el alumnado se vio desprotegido,  ahí estuvimos para denunciarlo, en la Delegación, en la prensa, en riesgos laborales… Donde hizo falta…

Del mismo modo hemos tenido la voluntad de acompañar en sus reivindicaciones a todo el profesorado, y, en especial, al interino, tras más de 40 años abanderando la campaña de “mismo trabajo, mismos derechos”. Este último año de manera intensa, estuvimos al lado del profesorado excluido del proceso opositor de Primaria y Conservatorios de 2017, abandonado a su suerte por la mayoría de las organizaciones sindicales que no dudaron en culparles a ellos mismos de la mezquindad cometida por la Consejería al dejarles sin empleo; luchamos sin descanso por el Plan de Estabilidad para el profesorado interino andaluz, convencid@s de que la precariedad que sufren debe ser de una vez por todas abordada y eliminada, pues han demostrado suficientemente su valía como docentes. Nos hemos dejado la piel defendiendo a la Escuela Pública y a su gente, luchando contra el cierre de unidades y la precarización de medios a causa de los recortes y la crisis, buscando su blindaje presupuestario y la eliminación de los conciertos educativos. Hemos luchado por la mejora de las condiciones laborales del profesorado, por su homologación y la existencia de un cuerpo único. Hemos perseguido la erradicación de toda forma de segregación escolar y el incumplimiento de la escolarización del alumnado más vulnerable, el de NEE. Hemos combatido la LOMCE y defendido su sustitución por una ley nacida del diálogo y la experiencia directa, de las necesidades reales de nuestro alumnado. E, impregnándolo todo, hemos luchado por una Escuela laica e igualitaria, donde niños y niñas, y jóvenes de ambos sexos, puedan convertirse algún día en hombres y mujeres capaces de ofrecer lo mejor de sí mism@s para ell@s y para el mundo.

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Por todo ello, sé que no todas las organizaciones somos iguales; por todo ello, sé que “Yo soy USTEA”, y que lo quiero seguir siendo, porque creo que es necesario, muy necesario, seguir defendiendo la Educación Pública, con uñas y dientes, como un derecho inalienable.

Porque es el Futuro para todos y todas.

Porque es el Porvenir de este mundo desquiciado e injusto. El único real. El único posible en este tiempo tan necesario de cambios.

“La Era está pariendo un corazón

No puede más, se muere de dolor

Y hay que acudir corriendo pues se cae…

El porvenir

 

                                                                       Silvio Rodríguez

 

Falta de personal en el CEIP Elio Antonio de Nebrija de Jerez de la Frontera, por Carlos Cabral y Fran Lozano.

Desde el sindicato USTEA Cádiz denunciamos la situación que esta sufriendo tanto el alumnado con necesidades educativas especiales (NEE como autismo, dificultades de movilidad, trastornos graves de conducta, enfermedades y trastornos que producen falta de control de esfínteres, etc.)  como los profesionales y profesorado que les atienden y les prestan el apoyo educativo, todo ello, en un centro de los más grandes de la provincia con un alumnado que cuenta con unas 950 pequeñas y pequeños.

Para empezar el curso este centro se encontró que contaba con un docente menos. Ese profesional ausente, que fue suprimido en verano, era quien debía encargarse de realizar el apoyo y el refuerzo educativo del alumnado con mayores necesidades del colegio. Ese apoyo y refuerzo ya no es posible y afecta al alumnado porque la precaria plantilla de profesorado debe dejar de hacer el refuerzo para cubrir las ausencias de otros docentes que no son sustituidas de forma eficaz por la delegación de educación.

En segundo lugar nuestro sindicato fue alertado de que las posibilidades que tiene el CEIP Elio Antonio de Nebrija para atender al alumnado de NEE son muy limitadas y la educación que están recibiendo quienes tienen estas dificultades es bastante deficiente por la falta de plantilla que sufre el centro.

USTEA Cádiz ha constatado que el trabajo que están haciendo los profesionales de atención a NEE, el profesorado así como la dirección del centro es impecable dentro de su limitación por falta de más recursos humanos.

Estas últimas semanas vimos como estos problemas existieron en unos colegios de Jerez y siguen existiendo en otros más: No hay personal suficiente para atender al alumnado. Por ejemplo, en audición y lenguaje no hay suficientes hora para atender a la cantidad de niñas y niños con diagnósticos que requieren esta atención y, al mismo tiempo, el profesorado de pedagogía terapéutica están desbordado de trabajo.

Por todo ello las familias del centro, que piden ayuda junto al sindicato USTEA Cádiz, dan los pasos para mejorar la educación sus hijas e hijos y solicitan que manden a más profesionales. Lo más necesario es una persona de Audición y Lenguaje,(AL), otra de Pedagogía Terapéutica (PT) y un Profesional Técnico de Integración Social (PTIS), comúnmente conocido como monitor o monitora de educación especial. Esos nombramientos no deben demorarse más para poder mejorar la deficiente atención que sufre el alumnado en la actualidad.